jueves, 22 octubre, 2026

El filo de la palabra: Borges vuelve al arrabal

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La Botica del Ángel presenta una adaptación teatral del cuento «Hombre de la esquina rosada» de Jorge Luis Borges, con dirección de Beatriz Pustilnik. El espectáculo incluye milongas y textos sobre el autor, y se presenta los sábados 24 y 31 de octubre a las 21.

La Botica del Ángel | Museo Escenográfico presenta el espectáculo El filo de la palabra: Borges vuelve al arrabal, los sábados 24 y 31 de octubre a las 21. La propuesta surge de la adaptación teatral del cuento «Hombre de la esquina rosada» de Jorge Luis Borges, cuatro milongas y escritos sobre Borges que se intercalan a lo largo de la obra a modo de relato. La dirección es de Beatriz Pustilnik y la dirección musical de Grisel Bercovich.

El espectáculo aborda la muerte de Francisco Real a manos del hombre que se movió en la sombra, y acabó en la sombra. Se incluye un verso de la milonga de Jacinto Chiclana: “Algo se dijo también/de una esquina y un cuchillo/Los años nos dejan ver/ El entrevero y el brillo”.

Borges, en su libro de poemas El otro, el mismo, en el poema «El Tango» (1964), define al tango como una ráfaga, una diablura que a los atareados años desafía. Hablando del malevaje, se pregunta dónde estarán los que dejaron su huella en su paso por el suburbio: “¿Dónde estarán aquellos que pasaron/dejando a la epopeya un episodio,/ una fábula al tiempo” y en estos versos se describe la figura y el accionar de los cuchilleros “y que sin odio, / lucro o pasión de amores acuchillaron”.

En el tango Malevaje (1928), cantado por primera vez por una mujer, Azucena Maizani, el malevo abandona por amor el malevaje y el cuchillo. Es un malevo que por amor pierde el coraje: “El malevaje extrañado/me mira sin comprender/ me ve perdiendo el cartel de guapo que ayer/ brillaba en la canción”.

En el poema «Tango» se incluye a “Muraña, ese cuchillo de Palermo” y en El informe de Brodie, en el cuento «Juan Muraña», Borges narra que consagró “un estudio a Carriego, nuestro vecino cantor y exaltador de los arrabales”. En el relato se cruza un tal Trapani que le dice: “Borges, vos ¿Qué podés saber sobre malevos?”. Éste, ridiculizándose a sí mismo, le responde: “Me he documentado”. La respuesta de su interlocutor, quien dice no necesitar documentarse, se presenta: “Soy el sobrino de Muraña”. De los cuchilleros de Palermo, el más mentado.

También en el citado poema se recupera la geografía perdida: “El sur, guarda un puñal y una guitarra”. Son barrios en los cuales el nombre y el apellido pesan. En El informe de Brodie, el cuento «Historia de Rosendo Juárez» relata aquel que huyó del patio de tango, sito en la esquina rosada. En esta historia, un personaje introduce la gauchesca con tono de parodia: “Durante años me hice el Moreira que a lo mejor se habrá hecho en su tiempo algún otro gaucho de circo”.

En la épica y la parodia los nombres se cifran: Carriego, Borges, Manuel Flores, Juan Muraña, Jacinto Chiclana, Nicanor Paredes, La Lujanera, que se vale solo de su apodo, ya que nombra una topografía adonde llega hasta una procesión. También es cierto que, con el tiempo y la historia, se cifran otros nombres más cercanos a la crónica policial: “Una mitología de puñales/ lentamente se anula en el olvido; una canción de gesta se ha perdido/ en sórdidas noticias policiales”.

El tango es fábula sin tiempo y en el cual sin odio, sin lucro o sin pasión de amor se acuchillaron. Por amor el malevo de Malevaje abandona el cuchillo.

En Vulgar Sinfonía, ya en “La decisión de escribir” había escrito una invención sobre el momento, la ocasión en que Borges decidió su destino de escritor. No me había encontrado todavía con el prólogo de Borges a su libro de Evaristo Carriego sobre esa anticipación casi adivinatoria que figura en el prólogo de Borges a la reedición de ese libro en 1950, tampoco las dos cartas que Leonor Acevedo recibe del poeta Carriego. Los dos ciegos de la literatura que iluminaron al suburbio con el brillo del puñal y del poema.

Hay unas estrofas del poema de Carriego “Vulgar sinfonía” donde en una carta dirigida a Leonor Acevedo fechada predice que ese niño tendrá un destino de poeta. El verso de Carriego: “Y que tu hijo, el niño aquel/de tu orgullo que ya empieza/ a sentir en la cabeza/vaya, siguiendo la fiel / ala de la ensoñación/ de una nueva anunciación/ a continuar la vendimia/que dará la uva eximia/ del vino de la canción”. Ese niño, según revela la carta en ese milagro de la anunciación, se cifrará en un nombre: Jorge Luis Borges.

En el prólogo a la edición de 1950, Borges escribe que la revelación tuvo lugar en la casa de su infancia cuando lo escuchó recitar a Carriego, que era amigo de su padre, un poema: “Recuerdo imborrable: Yo siempre había creído que la poesía era un modo de comunicación, era una serie de signos, pero no sabía que la poesía puede ser también una magia, una música, una pasión, hasta que una noche en que Carriego, en casa recitó un largo poema del cual no entendí una palabra. Recitó «El misionero” de Almafuerte, y entonces acaso por primera vez en mi vida sentí la poesía”. “Aunque Doña Leonor Acevedo le recomendó a su hijo que desistiera de escribir sobre la vida del poeta entrerriano”, este avanzó en “su curioso experimento biográfico, menos documental que imaginativo”.

Lo que se cifra en el nombre puede verse en la emblemática Botica del Ángel | Museo Escenográfico los sábados 24 y 31 de octubre a las 21. Reservas: [email protected] / 7572-3990.

Idea y textos: Luis Gusmán
Dramaturgia: Beatriz Pustilnik y Cristian Batista
Dirección: Beatriz Pustilnik
Producción ejecutiva: Cristian Batista
Elenco: Matias Turina, Jorge Paz Doallo, Vicky Giacoia, Benjamin Nicosia, Grisel Bercovich
Guitarra: Federico Percovich
Bailarina: Paula Krichmar

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