Los comicios legislativos del martes en Estados Unidos registraron resultados que, según analistas, modifican el escenario político interno y tienen implicancias globales. La elección de varias autoridades de minorías y la derrota de candidatos alineados con el trumpismo son algunos de los datos destacados.
Las elecciones legislativas celebradas el martes en Estados Unidos arrojaron resultados que, de acuerdo con análisis políticos, representan un cambio respecto de comicios anteriores. La jornada electoral definió bancas en el Senado y gobernaciones estaduales, entre otros cargos.
Entre los datos verificables del resultado se encuentra la elección de Gina Hinojosa como gobernadora de Texas, quien se convierte en la primera mujer latina en ocupar ese cargo. En California, Xavier Becerra fue electo gobernador, siendo el primero de origen latino en más de 150 años. Deb Haaland será la primera mujer indígena al frente de un gobierno estadual en Nuevo México. Keisha Lance Bottoms fue elegida gobernadora de Georgia, siendo la primera mujer negra en ese puesto. Peggy Flanagan será la primera senadora indígena de la historia del país. A ellos se suman legisladores musulmanes y representantes abiertamente gays que ocuparán bancas en el Senado.
El resultado electoral fue interpretado por diversos sectores como un freno al modelo político del trumpismo. Consultados sobre el impacto, analistas señalan que la derrota de candidatos alineados con el expresidente Donald Trump en su propio territorio constituye un dato relevante en el contexto internacional.
En ese sentido, se registraron en los últimos meses derrotas electorales de fuerzas de extrema derecha en otros países. En abril, Viktor Orbán perdió las elecciones en Hungría. A fines de octubre, Flávio Bolsonaro fue derrotado en Brasil. También en octubre, Benjamín Netanyahu obtuvo una elección discreta que no le permite formar gobierno. A estos resultados se suma ahora el revés del trumpismo en Estados Unidos.
El trumpismo es una forma de entender la vida pública basada en la hostilidad discursiva, y a veces también física, hacia las minorías sexuales y raciales; en la descalificación de quien piensa distinto y en una peligrosa inclinación supremacista. Es también una amenaza para las prácticas democráticas, como quedó demostrado con el asalto al Capitolio de enero de 2021.
Esa visión del mundo tiene extensiones en muchos países. En la Argentina, los colectivos agredidos desde el discurso oficial y desde las medidas concretas de gobierno incluyen, además de las minorías sexuales, a las personas con discapacidad, a los jubilados y a quienes sostienen la salud y la educación públicas.
También deben leerse como síntomas las revueltas que se observan en varios países europeos. Son expresiones de rebeldía frente a modelos que favorecen la concentración de la riqueza en pocas manos a costa de la pauperización de la mayoría.
La derrota del modelo de Trump es, además, un mensaje contra la plutocracia tecnológica que se benefició con sus medidas y una demanda de regulación del desarrollo tecnológico. Esto vale en particular para la inteligencia artificial, que, sin reglas claras, potencia la concentración de la riqueza y del poder en un puñado de corporaciones.
La elección estadounidense representa un golpe letal al empeño de la extrema derecha global de librar una batalla cultural, una disputa que ya debería dar por perdida en la medida en que desprecia valores como la solidaridad, la empatía, la tolerancia hacia las minorías, la convivencia pacífica, la equidad y la justicia social. Esos valores no son consignas de ningún sector. Son la base sobre el que se construyen las sociedades que quieren seguir siendo democráticas.
