jueves, 1 octubre, 2026

Francesca Thyssen anuncia que la futura sede del museo en Madrid no llevará su nombre

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La coleccionista Francesca Thyssen-Bornemisza afirmó que la nueva sede del Museo Thyssen en el Palacio de Hielo de Madrid, cuya apertura está prevista para 2032, no llevará su nombre. El Estado financiará el edificio que albergará 365 obras donadas y prestadas por la fundación TBA21.

Francesca Thyssen-Bornemisza, coleccionista y fundadora de la colección TBA21, declaró que la futura sede del Museo Thyssen en Madrid no llevará su nombre. La institución anunció que tendrá una segunda sede en el Palacio de Hielo, con apertura prevista para 2032, a pocas calles de la sede central. Allí se albergarán 365 obras que la coleccionista ha donado y prestado al museo.

«Una para cada día del año», dijo Thyssen-Bornemisza, de 68 años, en referencia a las obras. La fundadora de TBA21, colección centrada en arte del siglo XXI, había anunciado hace más de cuatro años su intención de que su legado se integrara en el museo madrileño, que ya reúne las colecciones de su padre y de Carmen Cervera. El nuevo edificio contará con más de 8000 metros cuadrados para exposiciones y actividades, financiado por el Estado.

Thyssen-Bornemisza relató que se fijó en el Palacio de Hielo y Automóvil, primera sede del CSIC en 1939, cerrado desde 2007, propiedad del Ministerio de Hacienda y gestionado por Patrimonio Nacional. Con el apoyo del museo, inició un proceso que involucró a figuras como María de Corral, exdirectora del Museo Reina Sofía y miembro del patronato del Thyssen, y Guillermo Solana, director artístico del museo.

El museo recibió más de un millón de visitantes en 2025, según datos del Ministerio de Cultura. Para albergar obras contemporáneas, se requerían nuevos espacios. La donación de parte de la colección era un requisito, ya que los estatutos del museo impiden comprar nuevas obras; solo pueden ingresar piezas de colecciones familiares.

El acuerdo se concretó mediante la donación de 186 obras, valoradas en casi 16 millones de euros, que pasarán a la colección Thyssen-Bornemisza, y el préstamo a largo plazo de 179 piezas, valoradas en 10 millones. Thyssen-Bornemisza afirmó: «Mi compromiso al donarlas era darles un propósito real y que pudieran estar en un espacio permanente y temporal, en movimiento, en constante evolución». Sobre el futuro de TBA21, indicó que la fundación y sus organismos asociados son autónomos.

Consultada sobre su papel en la nueva sede, respondió: «Tengo 68 años, estoy jubilada; escribo libros y estoy estudiando el siglo XIII en Asia». Añadió: «Quiero hacer una corrección: no soy yo, somos nosotros». Respecto al nombre de la sede, afirmó: «Este no va a ser el museo TBA21, ni el museo de Francesca, ni nada parecido». También sostuvo que la vinculación del Thyssen con su padre y Carmen Cervera dificultó al museo encontrar su identidad, y que el enfoque de TBA21 es más institucional y colectivo.

Hasta ahora, las colecciones del barón Thyssen y de Carmen Cervera se exhiben en los espacios principales; en 2022 se acordó un alquiler de 15 años por 97,5 millones de euros. En 2019, Francesca Thyssen pactó exponer dos veces al año piezas de TBA21, acuerdo prorrogado desde entonces. Las obras de TBA21 ocupan una planta inferior y dialogan con las de su padre. Borja Thyssen y Blanca Cuesta también programan muestras periódicas.

En el nuevo museo se reordenará esta aglomeración. Francesca y Borja Thyssen se llaman hermanos en público. «Hace poco celebramos los 100 años de mi padre», recordó Francesca, quien agregó sobre Carmen Cervera: «Tita ha sido muy generosa en todo este proceso. No ha sido fácil aceptar que algo que ella hizo realidad quizá se duplique en tamaño. La veo también como una extensión de mi padre; me importan ella y su bienestar, y debemos reconocer también las cosas increíbles que aportó al museo a lo largo de los años».

El museo, los ministerios y Francesca Thyssen se preparan para un proceso administrativo en el que el Estado elegirá por concurso público a las empresas que diseñarán el espacio. Thyssen espera que se aleje del concepto tradicional de pinacoteca y se convierta en «un museo del siglo XXI». «Lo que quiere la gente es tener un acceso abierto, acogedor y práctico, que pueda ser un refugio climático, incluyente con la visión de los jóvenes, porque pretendemos que sea para las próximas generaciones», planteó, en línea con los objetivos de TBA21, fundada hace más de dos décadas con apuestas por la conservación de los océanos, la inclusión de artistas indígenas y el trabajo de las mujeres.

«Los espacios culturales son importantísimos porque son un lugar donde visiones encontradas pueden tener un diálogo. Ya sé que puede parecer muy ingenuo, pero estamos aquí para hacer preguntas y que la gente encuentre sus respuestas en un lugar seguro». Francesca Thyssen añadió: «Tal vez la pregunta que debamos hacernos estos años, hasta que abra la nueva sede, es si el arte sobrevivirá a las próximas dos generaciones o será algo totalmente distinto».

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