viernes, 17 julio, 2026

Crua Chan: la relación entre Escocia y Argentina en el plano cultural e histórico

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Un análisis sobre los vínculos culturales e históricos entre Escocia y Argentina, desde la participación escocesa en el Mundial de Fútbol hasta las similitudes en sus procesos de reivindicación identitaria y de soberanía sobre recursos naturales.

Con la Copa Mundial de Fútbol se observó el desfile de diversas culturas que conviven en el sistema internacional, lo que introduce al complejo mundo donde los símbolos culturales expresan la trascendencia histórica y política de luchas que terminan siendo parte constitutiva de un pueblo.

La participación de Escocia en el Mundial resultó atrayente, no solo por su regreso tras 28 años sino también por la efervescencia de su hinchada. Se vieron multitudes de escoceses lucir sus kilt (falda tradicional) y hacer sonar sus gaitas al ritmo de las tradicionales Scotland The Brave y Amazing Grace. Además, para los argentinos existe un plus en cuanto la canción No Scotland no party se realiza sobre la base de “La mano de Dios” de Rodrigo. También mostraron su apoyo a Argentina en el partido de Semifinales frente a Inglaterra, entonando el Himno Nacional argentino con su gaita tradicional.

Uno de los músicos nacionales, Luca Prodan, líder de Sumo, compuso la canción Crua Chan en homenaje a los jacobitas caídos en la Batalla de Culloden en 1746.

Breve repaso histórico de Escocia

Escocia es heredera de los pueblos pictos y escotos del norte de las Islas Británicas. Estas tribus resistieron la conquista romana, generando una frontera que marcó una distinción de identidades. En el año 843 d.c., Kenneth McAlpin condujo a las tribus a la unificación bajo el Reino de Alba, en un intento por fortalecerse frente a la invasión de los pueblos vikingos escandinavos.

La Edad Media estuvo marcada por la guerra contra los ingleses. Eduardo I de Inglaterra intentó anexar el Reino de Escocia. William Wallace fue un soldado y héroe en estas guerras, que condujo a las fuerzas del norte hasta su ejecución. Luego lo sucedió Robert the Bruce, quien se convirtió en Rey de Escocia. Durante su reinado se realizó la Declaración de Arbroath en 1320, donde los señores escoceses exclamaron: “No es por gloria o riquezas por lo que luchamos, sino por la libertad”. En 1328, la independencia se ratificó mediante el Tratado de Edimburgo-Northampton.

En 1603, Isabel I de Inglaterra fue heredada por Jacobo VI de Escocia, iniciando la dinastía Stuart. Los Stuart fueron protagonistas de conflictos que desembocaron en la Revolución Gloriosa de 1688, siendo derrocados por Guillermo de Orange y Maria II. En 1707 se integraron los Reinos de Inglaterra y Escocia bajo el Reino de Gran Bretaña, perdiendo Escocia la independencia. Los levantamientos jacobitas, liderados por los Stuart, finalizaron con la derrota en la Batalla de Culloden en 1746, seguida de la prohibición de símbolos culturales y el desalojo de poblaciones locales.

En 1934 se fundó el Scotland National Party (SNP). En 1970, el descubrimiento de yacimientos petrolíferos en el Mar del Norte revitalizó la búsqueda de independencia, bajo el lema It’s Scotland’s oil. A finales de los años 90, tras un referéndum masivo, el Reino Unido aprobó la Scotland Act, reconociendo competencias en salud, educación, justicia y ambiente a Escocia, y restableciendo el parlamento en Edimburgo.

En 2014 se realizó un plebiscito vinculante sobre la independencia. El “No” ganó con un 55,3% frente al 44,7% del “Sí”. Entre los argumentos británicos destacaban la seguridad económica de pertenecer al Reino Unido y la permanencia en la Unión Europea. Tras el Brexit, el 62% de los votantes escoceses expresó su voluntad de permanecer en la UE. La salida tuvo efectos económicos y políticos, incluyendo pérdidas en el sector pesquero y una crisis energética que incrementó tarifas y desempleo.

Ante los reclamos por un nuevo plebiscito, el Gobierno del Reino Unido respondió negativamente, alegando que tal medida debe ser ratificada por la Corte Suprema o el Parlamento radicados en Londres.

El colonialismo como herencia compartida

En términos teóricos, resulta complejo hablar de un colonialismo británico sobre la población escocesa, ya que no ha existido una imposición lingüística o cultural que haya pretendido sustituir la identidad escocesa. Sin embargo, existen aspectos colonialistas que permiten una perspectiva crítica. Autores como Sir Walter Scott y Robert Louis Stevens narraron historias de patriotas escoceses, contribuyendo a fortalecer una memoria nacional. Obras como Rob Roy y Secuestrado reflejan el anhelo de preservar la identidad y autonomía del pueblo escocés.

Se observa una permanente reivindicación de una identidad cultural propia, construida alrededor de un fuerte sentido de pertenencia nacional. Esta identidad se consolidó a partir de acontecimientos como las masacres en las Highlands, la persecución de los jacobitas y su deportación y esclavización en colonias del Caribe, y la prohibición de expresiones culturales tradicionales como el uso del kilt.

Esta persistencia identitaria permite comprender el respaldo de sectores de la población escocesa a propuestas independentistas, vinculado a la percepción de que Escocia posee recursos naturales cuyos beneficios no siempre permanecen en el territorio. Se establece una analogía con la cuestión de las Islas Malvinas, donde la soberanía es reivindicada por la República Argentina, involucrando también el aprovechamiento de recursos naturales como la pesca y los hidrocarburos.

En suma, se destaca la estrecha relación entre la dimensión cultural y la dimensión económica de estos procesos. La pertenencia al territorio, el acceso a sus recursos y la construcción histórica de una identidad colectiva conforman una entidad simbólica que se desarrolla mediante la interacción entre quienes integran una comunidad nacional y se fortalece frente a un “otro” percibido como externo.

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