El corazón del fraile catamarqueño, extraído tras su muerte en 1883, recorrió un largo camino hasta desaparecer misteriosamente en 2008. Un repaso por los avatares de esta pieza única de la historia religiosa de Catamarca.
Fray Mamerto Esquiú murió a las 15 horas del 10 de enero de 1883, cuando viajaba rumbo a Córdoba. Su vida terrenal se apagó en la pequeña Posta El Suncho, y el obispo cordobés se despedía del mundo en su Catamarca natal. Si bien el cuerpo de Esquiú fue trasladado a Córdoba y sus restos descansaron durante más de un siglo en la catedral que lo tuvo como máxima autoridad, su corazón tuvo un peregrinar distinto. Él mismo había anticipado que su corazón “era para los catamarqueños”.
A los pocos días de haber sido sepultado, se ordenó la autopsia del cuerpo de Esquiú, porque había rumores de que podía haber sido envenenado. La autopsia realizada en el hospital San Roque no encontró sustancias extrañas en el cuerpo. La intervención estuvo a cargo del doctor Antonio Ruperto Seara, quien descubrió con asombro que el corazón de Esquiú estaba intacto aunque el resto del cuerpo presentaba señales de descomposición. Seara extrajo el corazón y lo conservó cerca de tres meses con la intención de entregarlo a un museo nacional.
En este punto, ingresa a la historia otro protagonista esencial. Odorico Esquiú, hermano del fraile, solicita al médico el corazón para atesorarlo como un “recuerdo de familia”. Seara se lo entrega junto a una carta en la que da fe de que es el corazón del fallecido obispo. Es mayo de 1883. Odorico emprende un viaje de varios días desde Córdoba a Catamarca para visitar a sus hermanos y continuar luego hacia Salta. Lleva consigo el preciado corazón.
En San Fernando, la capital catamarqueña, Odorico cambia de parecer y dirige una carta al Convento de San Francisco. Allí expresa que en cumplimiento de la voluntad de su hermano, entrega al convento “el órgano más interesante de sus restos mortales: ¡su mismo corazón!”, que fue obtenido “providencialmente” en Córdoba. El corazón de Esquiú es entregado al convento de San Francisco el 17 de mayo de 1883.
Los hermanos lo colocan cerca del Santísimo, también cumpliendo los deseos de Esquiú. En octubre de 1891, es trasladado a una sala de la portería del convento. En 1902 es colocado nuevamente en el interior del templo. Una placa señala este lugar sagrado. El 10 de mayo de 1989 fue trasladado a San José de Piedra Blanca, a la casa natal de Esquiú. Al día siguiente, la reliquia volvió a la capital provincial.
En agosto de 1989, el corazón fue sometido a un complejo tratamiento químico para asegurar su conservación. El procedimiento, realizado en Córdoba, demoró cuatro meses y exigió a los expertos, liderados por el dr. Pedro Olivares, un máximo cuidado para evitar su desintegración. Al final del proceso, Olivares garantizó que incluso podía ser expuesto al ambiente.
La reliquia, sin embargo, se perdería para siempre en 2008. Una persona con problemas de salud mental lo robó y, según dijo, lo arrojó a la basura. Hubo meses de búsqueda pero nunca más apareció. Otras reliquias sí se conservan, y en una ceremonia realizada el 3 de octubre de 2018, solemnidad del Tránsito de San Francisco de Asís para la Familia Franciscana, en la capilla del Arzobispado de Córdoba, el obispo diocesano de Catamarca, Mons. Luis Urbanc, recibió de manos del arzobispo de Córdoba, Mons. Carlos José Ñañez, las reliquias de Fray Mamerto Esquiú, que fueron trasladadas solemnemente hacia San Fernando del Valle de Catamarca. Esas reliquias llegaron a la Capital, donde fueron recibidas y entronizadas en la Iglesia San Francisco.
