sábado, 17 de enero de 2026 09:00
En los últimos años, Brasil dejó de ser únicamente una potencia regional para consolidarse como un actor relevante en la economía global, impulsado por una combinación de crecimiento sostenido, abundancia de recursos naturales y una política exterior más activa bajo el liderazgo del presidente Luiz Inácio Lula da Silva.
El país avanzó en sectores estratégicos como la energía renovable, la agroindustria y la tecnología, al tiempo que fortaleció su presencia en foros multilaterales como el G20, la ONU y el Mercosur. Este proceso de expansión posiciona a Brasil como un socio clave tanto para economías desarrolladas como emergentes.
De acuerdo con proyecciones de organismos internacionales, Brasil podría ubicarse entre las diez economías más grandes del mundo hacia 2030, con un Producto Bruto Interno superior a los 4,4 billones de dólares, impulsado por su capacidad productiva en los sectores energético, agrícola y manufacturero.
El crecimiento brasileño también refuerza su papel como líder político y económico de América Latina, en un escenario regional donde México consolida su influencia, aunque con un perfil distinto. En ese contexto, Brasil se destaca por su rol de puente entre Oriente y Occidente, manteniendo relaciones estratégicas tanto con China como con Estados Unidos.
Mientras Pekín incrementó su presencia mediante inversiones en infraestructura, energía y minería, Washington busca sostener su influencia a través de acuerdos comerciales, cooperación militar y vínculos diplomáticos. Esta dinámica refleja el interés de ambas potencias por preservar su incidencia en la mayor economía de la región.
Analistas internacionales señalan que la estrategia de autonomía diplomática adoptada por Brasil, evitando alineamientos rígidos, le permitió ampliar su margen de maniobra y fortalecer su posición como potencia emergente.
Además, su ubicación geográfica, el acceso a recursos estratégicos como litio, petróleo y agua dulce, y su capacidad de producción alimentaria colocan al país en una situación favorable frente a los desafíos globales de suministro y transición energética.
En este escenario, el crecimiento de Brasil comienza a modificar los equilibrios tradicionales del poder económico y geopolítico, con un impacto que trasciende la región y despierta atención creciente en los principales centros de decisión mundial.
