El economista, Antonio Aracre, habló con Canal E y se refirió al dato de la inflación anual del 31,5% en 2025, la más baja desde 2017, además de un IPC de diciembre del 2,8%. También analizó el escenario macroeconómico, las perspectivas para 2026, la actividad industrial, el consumo y los desafíos de las reformas estructurales que impulsa el Gobierno.
Tras un año marcado por la incertidumbre electoral, Antonio Aracre sostuvo que el país dejó atrás una etapa crítica. “Dejamos atrás un año muy difícil desde lo electoral y que estuvo signado por la incertidumbre económica”, afirmó, y recordó que durante ese período “vimos un proceso de dolarización de un M2 del orden del 50%, que no se vio en los peores momentos de la Argentina”.
Las oportunidades que ofrece el 2026
Según explicó, ese escenario pudo atravesarse “con ayuda de Estados Unidos y con la propia solvencia del programa económico”, lo que abre ahora un panorama distinto: “El 2026 se presenta con muchas oportunidades”. Entre ellas, resaltó: “La de no ser un año electoral, la de no transitar una incertidumbre política fuerte y la de tener un congreso mucho más alineado a las necesidades de aprobar reformas estructurales”.
Respecto al proceso desinflacionario, Aracre introdujo el concepto de “charco monetario”: “Cuando vos tuviste durante muchos años déficit fiscal y tuviste que emitir dinero, eso se considera un charco monetario que tarda bastante tiempo en ser absorbido”. En Argentina, advirtió, ese proceso es más lento porque “el charco monetario es realmente muy importante”.
Se estima un incentivo al consumo durante el mediano plazo
Sin embargo, planteó que el contexto juega a favor: “Estamos previendo un crecimiento del PBI entre el 4 y el 5% para este año”. Además, dijo que esto implicará mayor demanda de dinero para transacciones. A eso se suma “un incentivo en el consumo, sobre todo de bienes durables, a partir de las grandes oportunidades que presenta la ley de inocencia fiscal que se aprobó en diciembre”.
Para el entrevistado, el objetivo no es un número puntual sino la tendencia: “Para mí no es tan importante si es 0,9 o 1,2, sino que estemos mostrando un derrotero a la baja consistente y sistemático”.
Al analizar la caída en el uso de la capacidad instalada, diferenció actividad económica de actividad industrial: “Uno tiende a pensar que es lo mismo pero no”. En ese marco, explicó que la apertura económica reduce precios, pero impacta en sectores no competitivos. “Producir una remera de algodón en Argentina para competir con el que lo hace en Asia es una quimera, es imposible”, sostuvo.
