En un contexto atravesado por diagnósticos persistentes sobre las dificultades en comprensión lectora, una investigación reciente del CONICET aporta evidencia que pone el foco a la lectura de textos literarios complejos mediada activamente por los docentes como una estrategia pedagógica concreta y accesible. El estudio podría ser la solución a los resultados de la Prueba Aprender 2024 en Catamarca, donde el 43,6% de los estudiantes alcanzó los niveles más altos de desempeño en comprensión lectora, una proporción cercana al promedio nacional.
El investigador del CONICET José María Gil, docente de la Universidad Nacional de Mar del Plata, sostiene que el problema no radica en una incapacidad estructural de los alumnos para comprender textos, sino en la ausencia de acompañamientos pedagógicos adecuados. “El problema de comprensión no es una limitación insalvable, sino una señal de que falta un acompañamiento más activo”, afirmó el científico.
Según los datos de Aprender 2024, en Catamarca el 9,2% de los estudiantes se ubicó en el Nivel I de desempeño, el 19% en el Nivel II y el 25,5% en el Nivel III, mientras que solo el 2,7% fue clasificado como lector incipiente. Además, el relevamiento muestra condiciones favorables para el desarrollo de prácticas lectoras ya que el 78% de las escuelas cuenta con biblioteca áulica y el 34% la utiliza todos los días. A esto se suma que el 57% de los alumnos declaró leer en su tiempo libre y que el 70% de los docentes aseguró promover la lectura en voz alta y el intercambio sobre los textos en clase.
«El problema de comprensión no es una limitación insalvable, sino una señal de que falta un acompañamiento más activo»
José María Gil, investigador del CONICET en el Instituto de Humanidades y Ciencias Sociales
En ese marco, los estudios de Gil aportan una clave interpretativa para profundizar y consolidar esos resultados. A partir de experiencias documentadas en aulas de primaria y secundaria, el investigador comprobó que el trabajo con textos literarios de alta complejidad, como cuentos de Jorge Luis Borges o fragmentos del Martín Fierro, mejora significativamente la comprensión lectora y la capacidad de producir resúmenes cuando se aplican estrategias como la lectura en voz alta y el “andamiaje multimodal”.
“El problema se manifiesta de manera muy concreta cuando se les pide a los estudiantes que escriban un resumen con sus propias palabras”, explicó Gil. “Las dificultades aparecen tanto en la identificación de la información central como en la producción autónoma de textos orales o escritos”. Frente a esto, la mediación docente cumple un rol decisivo. “La lectura en voz alta funciona como un andamio que permite desarmar la complejidad del texto junto a los alumnos”, señaló.
La literatura como “cancha de entrenamiento”
Uno de los estudios más destacados abordó lo que el investigador denomina el “miedo a Borges”. En una experiencia realizada en escuelas de Mar del Plata, se comparó la comprensión del cuento Tema del traidor y del héroe entre estudiantes que lo leyeron sin apoyo previo y otros que, antes, vieron un episodio de Los Simpson con una estructura narrativa similar. Mientras que en el primer grupo la comprensión global no superó el 20%, en el segundo alcanzó niveles cercanos al 80%.
“Lo que se comprobó es que el miedo y la dificultad no se combaten simplificando los textos, sino democratizando el acceso a través del andamiaje”, afirmó Gil. En la misma línea, destacó que el acceso a la literatura canónica constituye una dimensión clave de la equidad educativa, al cuestionar la idea de que los estudiantes de sectores populares no pueden enfrentarse a textos complejos.
El segundo trabajo del investigador, realizado en una escuela primaria de contexto vulnerable, reforzó estas conclusiones. Tras varios meses de lectura en voz alta y comentada del Martín Fierro, el 83% de los estudiantes logró identificar los núcleos narrativos principales y producir resúmenes coherentes. Además, se observaron mejoras en habilidades centrales como la jerarquización y reorganización de la información, competencias transferibles a otros textos escolares y académicos.
Para Gil, la literatura funciona como una verdadera “cancha de entrenamiento” para la comprensión lectora general. “La dificultad inherente a los textos literarios no es un obstáculo, sino una condición de posibilidad para el aprendizaje profundo”, sostuvo.
En provincias como Catamarca, donde los datos de Aprender muestran una base sólida y prácticas docentes activas, estos enfoques abren una oportunidad concreta para fortalecer la comprensión lectora y reducir las brechas de aprendizaje sin resignar complejidad ni calidad educativa.
