domingo, 4 octubre, 2026

Sífilis: los casos se cuadruplicaron en cuatro años en Argentina

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La tasa nacional creció entre 2021 y 2025. El 76% de los diagnósticos corresponde a personas de entre 15 y 39 años y la mayoría de los casos no presenta síntomas.

En 2025 se notificaron más de 46.000 casos de sífilis en la Argentina, según el Boletín Epidemiológico Nacional. La tasa de incidencia fue de 117,2 casos por cada 100.000 habitantes, lo que representa un aumento respecto de 2021.

La sífilis es una infección causada por la bacteria Treponema pallidum, que se transmite por contacto sexual. En su etapa inicial puede manifestarse con una llaga conocida como chancro en los genitales, el ano o la boca, que no suele causar dolor. Puede transmitirse al bebé durante el embarazo o el parto. Durante la lactancia, el riesgo existe si el bebé entra en contacto con una lesión en la mama y no por la leche materna.

Según el Boletín Epidemiológico Nacional, la tasa de incidencia fue de 117,2 casos por cada 100.000 habitantes. El 76% de los diagnósticos corresponde a personas de entre 15 y 39 años. Las tasas son especialmente altas entre los 20 y los 29 años y considerablemente mayores en mujeres de ese grupo.

La ginecóloga María Daniela Faranna explicó que entre los factores que pueden aumentar el riesgo se encuentran las prácticas sexuales sin protección, el consumo de alcohol y otras sustancias que reducen las inhibiciones, y la falta de estrategias de prevención. “Los anticonceptivos hoy en día son muy eficaces y nos protegen del embarazo, pero no de las enfermedades de transmisión sexual (ITS). Por eso tenemos que volver a hablar de ‘doble protección’: un método anticonceptivo eficaz cuando se necesita prevenir el embarazo y preservativo para reducir el riesgo de ITS. Es necesario normalizar el testeo: no esperar a tener síntomas para consultar”, declaró Faranna.

Faranna remarcó que tratar solamente a una persona —en el caso de una pareja— puede eliminar la infección en ella, pero no necesariamente interrumpir la cadena de transmisión. “Si una pareja tiene sífilis y no es evaluada y tratada cuando corresponde, puede continuar transmitiéndola y, además, reinfectar a la persona que ya fue correctamente tratada”, aseguró.

La sífilis puede transmitirse en relaciones vaginales, anales y también orales. Faranna advirtió sobre el riesgo de pensar que, si no se ve una lesión, no existe posibilidad de transmisión. “El chancro puede ser pequeño, indoloro o estar en un lugar difícil de observar, como la vagina, el ano o la boca. También es falso que una persona que ya tuvo sífilis quede inmunizada: puede volver a infectarse”.

El psicólogo y sexólogo Patricio Gómez Di Leiva sostuvo que una persona puede verse muy saludable y tener una infección de transmisión sexual, incluso sin saberlo. “La idea de que con la pareja no tienen que usar preservativo, hay que repensarla. En una pareja en la que hay un acuerdo de exclusividad sexual tiene sentido pensar que el preservativo no es necesario, pero ¿quién puede asegurar que ese acuerdo se esté respetando? Estar en pareja no elimina la responsabilidad personal. Podemos confiar en el otro, tener acuerdos y cuidarnos mutuamente. Pero, cuando se trata de la salud sexual, la responsabilidad última es de uno mismo”, afirmó Gómez Di Leiva.

El especialista consideró que hay que erotizar el preservativo y sumarlo al encuentro como un aliado. Propuso incorporarlo como algo natural y plantearse, de antemano, si su uso es negociable. “No es algo que tengo que pensar y decidir en el momento. Si decidimos tener relaciones sin preservativo, sabemos que hay ciertos riesgos que aumentan. Un encuentro sexual en sí mismo implica un riesgo, pero cada uno tiene que elegir responsablemente qué riesgos está dispuesto a correr”, sostuvo Gómez Di Leiva.

También sugirió que la conversación sobre el testeo sea previa al momento de intimidad. Un resultado negativo no garantiza por sí solo la ausencia de una infección: hay que tener en cuenta los períodos de ventana y las posibles exposiciones entre el testeo y el encuentro.

La antropóloga Maitén Sanguinetti observó las edades de mayor incidencia. “El hecho de que ocurra entre personas de 15 y 39 años y que el pico se registre a los 20 da cuenta de que abarca a una generación entera. Estamos frente a una generación que se formó con las escuelas cerradas en pandemia”, señaló Sanguinetti.

Sanguinetti describió una cadena de ausencias: un Estado que se retira, una escuela que se queda sin respaldo y docentes que prefieren no involucrarse porque algunas familias no quieren que se “metan” con sus hijos. “En ese hueco, parece que entraron las redes sociales”, dijo.

Para Sanguinetti, el problema es que esa respuesta llega sin que nadie los conozca y sin un adulto que les diga: “Andá, hacete un control”. Falta la responsabilidad del acompañamiento. “La ruptura más grande que vemos hoy es la de los lazos. Antes, la información sobre el cuidado circulaba entre personas y generaciones: tíos, maestras, amigas más grandes. Los propios jóvenes tenían muchos más encuentros físicos. Hoy, esa información circula entre pares a través de redes sociales, donde todos saben más o menos lo mismo, repiten lo que escuchan y reciben contenidos mediados por los algoritmos”, concluyó Sanguinetti.

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