viernes, 25 septiembre, 2026

Más de 500 figuras de la cultura respaldan la exclusión de Ariana Harwicz del festival Cultur-Alh

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Escritores, artistas y personalidades de la cultura firmaron un manifiesto en apoyo a la decisión del Festival Internacional de Arte, Literatura y Humanidades Cultur-Alh de Granada de retirar la participación de la escritora argentina. La controversia se originó tras la protesta de la Red Universitaria por Palestina.

Más de 500 escritores, artistas y personalidades de la cultura respaldaron al Festival Internacional de Arte, Literatura y Humanidades Cultur-Alh de Granada por haber retirado de su programación la participación de la escritora argentina Ariana Harwicz. Entre las firmas se encuentran los nombres de la escritora Cristina Rivera Garza, la cineasta Lucrecia Martel, la actriz y autora Camila Sosa Villada, la escritora Mónica Ojeda, la cubana Elaine Vilar Madruga, los chilenos Alejandro Zambra y Nona Fernández, las españolas Marta Sanz, Andrea Abreu, Sara Torres y Alana S. Portero y el académico Paul B. Preciado, entre otros.

El manifiesto, titulado «Posicionamiento colectivo por Palestina: el negacionismo fuera de los espacios literarios», expresa su apoyo a quienes reclamaron la exclusión de la autora y a la Red Universitaria por Palestina de Granada, cuya protesta antecedió a la decisión del festival.

Entre los firmantes aparecen figuras destacadas de la literatura y la cultura latinoamericana y española, como Fernanda Trías, Pilar Quintana, Juan Cárdenas, Marta Sanz, Lydia Cacho, Brigitte Vasallo, Rodrigo Sorogoyen y María Galindo.

También adhirieron Rita Indiana, Carmen Ollé, Julián López, Javier Gallego, Nerea Pérez de las Heras y la programadora Patricia Escalona, una de las responsables de la invitación original a Harwicz.

Los firmantes sostienen que quienes se pronuncian públicamente en solidaridad con el pueblo palestino pueden afrontar costos dentro de la industria cultural y consideran que la respuesta debe ser colectiva.

Por eso manifiestan su respaldo a Rita Laura Segato, Lina Meruane, Sabina Urraca, Gabriela Wiener, María Fernanda Ampuero, Brenda Navarro, Silvia Federici y Ángelo Néstore, quienes habían apoyado previamente la retirada de la invitación de Harwicz, y reivindican también la protesta pacífica de estudiantes y ciudadanos.

El documento afirma que la protesta constituye una herramienta amparada por la libertad de expresión para reclamar a instituciones culturales y académicas por las decisiones políticas vinculadas con sus programaciones.

Los más de 500 firmantes aseguran que no dejarán solas a las personas que se posicionen contra lo que califican como «genocidio del pueblo palestino» y contra la violencia ejercida por Israel en Gaza y Cisjordania, y reclaman que los espacios culturales respondan ante esos cuestionamientos.

Otro de los ejes del manifiesto es el rechazo a que las críticas a Israel o al sionismo sean consideradas automáticamente expresiones de antisemitismo. Los firmantes aclaran que las personas judías no constituyen un bloque político homogéneo y sostienen que criticar el sionismo no equivale a atacar a las personas judías ni a los israelíes.

También afirman que combatir el antisemitismo y oponerse al sionismo no son posiciones incompatibles y que defender al pueblo palestino no supone atacar a la población judía.

El texto también reivindica el boicot como una forma de acción colectiva y sostiene que «criticar no es censurar» y «protestar no es censurar».

En ese sentido, pide a editoriales, festivales, ferias del libro, universidades, residencias, premios y otras instituciones culturales que revisen sus vínculos con el Estado de Israel y con instituciones implicadas, según los firmantes, en la violencia contra el pueblo palestino.

También reclama que no se castigue profesionalmente a escritores, trabajadores culturales, académicos o estudiantes por expresar públicamente sus posiciones.

Participación cancelada

La controversia comenzó cuando la dirección del Festival Cultur-Alh, que se celebra en Granada hasta el domingo, decidió cancelar la participación de Harwicz, prevista para el 26 de septiembre.

La decisión se produjo después de que la Red Universitaria por Palestina de Granada reclamara su exclusión por sus posiciones públicas sobre Israel, Gaza y el boicot cultural. Los organizadores explicaron que habían actuado a partir de esa petición y señalaron, entre otros argumentos, la posición contraria de la escritora al boicot cultural.

La Red Universitaria por Palestina sostuvo que Harwicz había negado públicamente la existencia de un genocidio en Gaza y cuestionó declaraciones realizadas por la autora en redes sociales y en una entrevista de 2024.

Harwicz, por su parte, denunció su exclusión públicamente y afirmó que había sido desinvitada por ser judía. La Universidad de Granada se desvinculó de la decisión y aseguró que la cancelación no había sido adoptada, aprobada ni respaldada por su equipo de gobierno y que no compartía la medida.

En paralelo, más de 350 escritores, artistas, intelectuales y otras personalidades de la cultura suscribieron un manifiesto en apoyo de Harwicz y contra su exclusión. Entre ellos figuraron Fernando Savater, Piedad Bonnett, Andrés Trapiello, Óscar Tusquets, María Negroni, Santiago Roncagliolo, Karina Sainz Borgo, Pola Oloixarac, Fernando Iwasaki, Margo Glantz y Manuel Valls.

El texto sostuvo que ningún escritor debería ser excluido de un encuentro cultural por sus posiciones públicas y advirtió que defender la libertad de expresión únicamente para quienes comparten determinadas ideas supone reemplazar la confrontación de opiniones por una selección ideológica. Tras la cancelación, el escritor irlandés John Banville anunció además que no participaría del festival.

Harwicz se refirió a la controversia en una entrevista con Radio Sefarad, en la que cuestionó que su exclusión estuviera relacionada exclusivamente con sus posiciones políticas y sostuvo que existía una «muerte social» de los judíos «en nombre de la virtud, de la pureza, de la moralidad».

También ironizó sobre su condición religiosa al preguntarse qué había hecho para ser excluida y responder: «¡Ay, cierto, que era judía!».

La escritora había cuestionado públicamente lo que consideraba una nueva forma de antisemitismo en determinadas expresiones contra Israel y los judíos.

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