Ubicado a 3 km de Icaño, en el departamento La Paz, el sitio reúne pinturas y petroglifos de las culturas La Aguada, Ciénaga y de cazadores recolectores. Un recorrido por su historia y documentación.
El Complejo Arqueológico del Vallecito, conocido por los arqueólogos como La Toma desde mediados de la década de 1950, se encuentra a 3 kilómetros de la localidad de Icaño, en el departamento La Paz, provincia de Catamarca, en el Noroeste Argentino. El sitio fue referenciado en la década de 1910 por el maestro ancasteño Amalio Correa Soria, según relata el investigador R. Alberto Avellaneda.
Avellaneda señala que conoció el lugar a los 4 años, llevado por su abuelo paterno Basilio Avellaneda, quien lo introdujo en el conocimiento de las pinturas rupestres que denominaba «las Pinturas de los Antiguos». El complejo incluye manifestaciones pictóricas mayoritariamente de la cultura La Aguada, otras de Ciénaga y petroglifos de cazadores recolectores.
Entre los aleros documentados se encuentran el Alero del Gran Señor, el Alero de Basilio, el Alero del Cebil, el Alero de La Mesada, el Alero de La Piedra Partida, el Alero de La Piedra Tallada del Gran Señor y el Alero de Los Morteros. La documentación fotográfica sistemática comenzó el 27 de noviembre de 2010, en compañía del guía turístico Fernando Cisternas Avellaneda.
El Alero de Basilio, inmerso en un bosque de cebiles, contiene en su pared sur interna una representación en pintura blanca de un Usno o Camino del Cielo, interpretado por los lugareños como la Vía Láctea con la Cruz del Sur. En la pared interior oeste se observan dos llamas con el vientre voluminoso por embarazo, pintadas en negro. En la entrada del alero, que mira hacia el oriente, Avellaneda rescató un fragmento de cerámica Ciénaga tosca.
El Alero de La Mesada presenta en su pared oeste la silueta de un cóndor andino con alas y cola marcadas con trazos blancos, y por encima una imagen que generó discusiones entre especialistas sobre si representa un corazón, basados en la oposición de la cultura Aguada a representar escenas con cabezas cercenadas.
Avellaneda también menciona el hallazgo fortuito de petroglifos en una roca cercana al Alero del Gran Señor, y la aparición de una víbora coral durante una de sus visitas. El complejo se encuentra en el oriente catamarqueño, una zona con presencia de pueblos agroalfareros que ocuparon los faldeos orientales de las Sierras de Ancasti.
Las imágenes que acompañan este artículo fueron tomadas por R. Alberto Avellaneda e incluyen el Gran Señor del Vallecito, una llama bicéfala, un Amaru, una víbora bicéfala en aymara, vistas del Alero de Basilio y del Alero de La Mesada, entre otras.
