El escenario político nacional se reconfigura tras la salida de Manuel Adorni de la Jefatura de Gabinete y el lanzamiento de la campaña por la reelección de Javier Milei. Mientras el oficialismo consolida un equilibrio con los gobernadores provinciales, la oposición enfrenta dificultades para articular una alternativa de alcance nacional.
La salida de Manuel Adorni de la Jefatura de Gabinete y el posterior lanzamiento de la campaña por la reelección de Javier Milei marcaron una nueva etapa en el escenario político nacional. Según analistas, la proliferación de confrontaciones públicas y disputas internas en el oficialismo no habría impedido la consolidación de un equilibrio político que favorece al Gobierno.
En este contexto, las encuestas y las especulaciones sobre la evolución política se multiplican, pero se evidencian dificultades para articular organizaciones de alcance nacional que puedan capturar la representación del malestar social y competir contra el proyecto de continuidad del presidente el año próximo.
La experiencia de “Provincias Unidas” fracasó en su intento de constituir una alternativa en 2024. Las expectativas de un resurgimiento de Mauricio Macri o una emancipación de Patricia Bullrich generadas por las fisuras en La Libertad Avanza durante el extenso episodio de Adorni se diluyeron con su reemplazo por Diego Santilli.
En el peronismo, el kirchnerismo presiona a Axel Kicillof con el objetivo de convertirlo en un nuevo Alberto Fernández si se alcanza un acuerdo de unidad, o reducir sus chances de llegar a la Casa Rosada hasta anularlas en caso contrario. La posible candidatura de Cristina Fernández de Kirchner es la última agresión en este sentido.
Javier Milei es el único paraguas nacional concreto que existe, aunque su imagen decae y para gobernar no puede prescindir de acuerdos con gobernadores reticentes a la consolidación de La Libertad Avanza en sus provincias.
Resignaciones cruzadas
La “pax libertaria” es producto de un cruce de resignaciones sobre los escombros del sistema que estalló en 2023. Para cimentar su reelección, Milei se resigna a no intervenir en las provincias, con excepciones muy puntuales como Buenos Aires, eventualmente CABA y La Rioja, en la que tienen interés los Menem.
Sin ventanilla atractiva para fichar en el orden nacional ni consensos para enfilarse detrás de una figura, los líderes y partidos provinciales se resignan por su lado a quedarse en sus distritos. Todos son funcionales a Milei y Milei es funcional a todos, mientras no incordie con proyectos libertarios en las provincias. Ese es el equilibrio, que comienza a dejar de ser precario para convertirse en cómodo.
El recambio político por fuera de las filas libertarias se demora porque Mauricio Macri y Cristina Fernández de Kirchner todavía tienen gravitación y se resisten a alentar otras opciones por una razón muy sencilla: cualquiera que le gane a Milei terminará también por barrerlos a ellos.
Esta lógica es particularmente nítida en el caso de la relación entre Cristina Fernández de Kirchner y Axel Kicillof. En cuanto a los gobernadores de lo que fue Juntos por el Cambio, temen terminar como peones de Macri en un juego tendiente a negociar con Milei la CABA.
Cuestión de oportunidad
Se extiende entre la dirigencia con aspiraciones de proyección nacional la convicción de que resultará más conveniente diferir la pelea. Si Milei es reelecto, le quedarán sólo cuatro años.
La situación tiene algunas similitudes con la que precedió la reelección de Cristina Fernández de Kirchner en 2011. Más allá de que la economía todavía se mantenía estable entonces, la muerte de Néstor Kirchner un año antes había generado una empatía hacia la entonces Presidenta que hizo desertar de la contienda a los dirigentes con posibilidades de dar pelea. Ella se impuso en primera vuelta con el 54% de los votos sobre una constelación opositora en la que el mejor posicionado fue Hermes Binner, con apenas un 17%.
No era oportuno en 2011, la ocasión llegó en 2015 y fue para Macri. Cada vez son más los que entienden que tampoco será oportuno en 2027. Hay otros ejemplos históricos que atemperan el entusiasmo opositor. Hicieron falta 10 años y la irrupción del FREPASO para superar el fenómeno de Carlos Menem. Pasaron 12 años y tres mandatos presidenciales para desplazar al kirchnerismo.
En este marco, el gobernador Osvaldo Jaldo abrió el juego de la maniobra clásica. Desdoblará las elecciones provinciales de Tucumán para el 9 de mayo. Entre los mandatarios circula la idea de hacer coincidir en ese mes la mayoría de los comicios provinciales, no en beneficio de un proyecto nacional diferenciado, sino para sentarse luego a negociar desde una posición de fuerza con la Casa Rosada.
Razonan en función de un precedente inmediato: el año pasado La Libertad Avanza fracasó en la mayoría de las elecciones provinciales desdobladas, pero se impuso sin atenuantes en la nacional y se llevó puesto el embrión de “Provincias Unidas”. Ganó en la Ciudad de Buenos Aires con Adorni, pero por el hocico y en una elección muy fragmentada. Perdió por paliza en la Provincia de Buenos Aires, porque los intendentes jugaron todo a retener el poder de sus distritos, pero después consiguió ganar las nacionales, por muy poco.
Los cálculos y especulaciones de la dirigencia se desarrollan en el marco de una indiferencia cada vez mayor hacia la política, que no tiene miras de revertirse. Los grotescos de Milei y el impacto de su ajuste se despliegan en ese vacío social y nadie parece en condiciones de poder sacar partido de ellos.
