A 40 años del partido, se conocen detalles de cómo se gestó la indumentaria alternativa que usó la Selección argentina en los cuartos de final de México 1986.
La inminencia de un nuevo enfrentamiento entre la Selección argentina e Inglaterra en el Mundial 2026 reavivó los detalles de una de las leyendas del deporte: la improvisación de la camiseta azul con la que Diego Armando Maradona jugó en México 1986.
El 22 de junio de 1986, en el estadio Azteca, el conjunto albiceleste venció 2 a 1 al seleccionado británico en los cuartos de final. La necesidad de utilizar una indumentaria alternativa por el contraste de colores con la camiseta blanca de Inglaterra generó preocupación en el cuerpo técnico liderado por Carlos Salvador Bilardo. La camiseta suplente oficial de la firma Le Coq Sportif estaba confeccionada con un algodón pesado que había provocado incomodidad en los futbolistas durante el partido previo frente a Uruguay debido al sudor, la humedad y la lluvia.
Ante el riesgo de sufrir las consecuencias del calor mexicano y la imposibilidad de la marca para fabricar un modelo de tela calada a tiempo, se decidió buscar una solución de apuro. El delegado de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), Rubén Moschella, recorrió tiendas de la Ciudad de México y adquirió dos modelos de remeras azules más livianas en comercios locales.
El entrenador no se mostraba convencido con las opciones obtenidas. La definición llegó por parte del capitán del equipo. Maradona observó una de las prendas, la eligió y dijo: “Con esta le ganamos a los ingleses”.
Se compraron 38 camisetas a las que un grupo de empleadas del club América les cosió a mano los escudos de la AFA, para luego planchar en la espalda números brillosos de color plateado, que eran los que se utilizaban en el fútbol americano. Con esa vestimenta, Maradona consumó primero el gol de puño y, minutos después, la jugada que se inició en la mitad de la cancha eludiendo rivales hasta definir ante Peter Shilton.
Al finalizar el partido, la camiseta fue intercambiada con el futbolista inglés Steve Hodge, quien años más tarde la cedió al Museo Nacional del Fútbol de Inglaterra antes de que fuera vendida en una subasta millonaria.
