miércoles, 20 mayo, 2026

Alerta sanitaria: un nuevo brote de ébola podría ser el peor en una década

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La Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró una emergencia de salud pública de importancia internacional por un brote de ébola en la República Democrática del Congo y Uganda. La cepa Bundibugyo, sin vacuna ni tratamiento específico, y el contexto de conflicto armado en la región complican la respuesta.

La propagación del ébola ha sido verificada por organismos independientes, como los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC), que informaron sobre dos casos y una muerte en Uganda.

El director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, expresó el martes su preocupación por «la magnitud y la velocidad» del brote, al que calificó como una emergencia internacional. Fuentes de la OMS indicaron que los casos podrían propagarse más rápido de lo estimado inicialmente.

La declaración de emergencia no implica que se esté en las etapas iniciales de una pandemia similar a la del covid. El riesgo para el mundo sigue siendo ínfimo: durante el brote de 2014-2016 solo se registraron un puñado de casos fuera de África, la mayoría en trabajadores sanitarios voluntarios.

«No obstante, esto refleja que la situación es lo suficientemente compleja como para requerir coordinación internacional», afirmó la doctora Amanda Rojek, del Instituto de Ciencias de las Pandemias de la Universidad de Oxford.

La República Democrática del Congo cuenta con experiencia en el manejo de brotes de ébola, y la respuesta es «significativamente más sólida hoy que hace una década», sostuvo la doctora Daniela Manno, de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres.

El brote actual se produce en una zona de conflicto armado, lo que complica la detección y el combate de la enfermedad. Greg Ranm, director de Save the Children, declaró: «El brote de ébola representa una nueva crisis masiva que se suma a una situación ya de por sí difícil. Se produce en una zona de conflicto, una zona de crisis humanitaria, con cientos de miles de personas desplazadas y sistemas de salud ya gravemente comprometidos».

Cinco millones de personas, entre ellas unos 2,5 millones de niños, se encuentran desplazadas internamente, mientras que 15 millones más necesitan asistencia humanitaria, según Save the Children.

La cepa causante es la Bundibugyo, la menos conocida. «El virus Bundibugyo es el descubierto más recientemente. Fue hallado en 2007 y causa la muerte en aproximadamente el 30% de las personas que lo contraen», señalaron los CDC. La OMS advirtió que las tasas de letalidad en los brotes de 2007 y 2012 oscilaron entre el 30% y el 50%.

Entre 2014 y 2016 se registró el mayor brote de ébola, con 28.600 contagiados en África Occidental y 11.308 fallecidos, según los CDC.

«No existe una vacuna aprobada ni un tratamiento específico para el virus Bundibugyo», alertó Alimuddin Zumla, profesor de enfermedades infecciosas de la University College London, en un artículo en The Conversation. Las pruebas de detección iniciales dieron negativo para el ébola y se necesitaron pruebas más sofisticadas.

«Lidiar con Bundibugyo es una de las preocupaciones más importantes» en este brote, afirmó a la BBC Trudie Lang, profesora de la Universidad de Oxford y jefa de la Red Global de Salud.

Para reducir los riesgos, la OMS pidió a las autoridades de la República Democrática del Congo, Uganda y Ruanda reforzar la vigilancia sanitaria fronteriza. Estados Unidos recomendó a sus ciudadanos evitar viajar a la zona y prohibió la entrada a personas que hayan estado en la República Democrática del Congo y Uganda en las últimas semanas.

El ébola es una enfermedad «grave, a menudo mortal, que afecta a los seres humanos y a otros primates», según la OMS. Se transmite a partir de animales salvajes y luego se propaga por contacto directo con fluidos corporales. Fue descubierta en 1976 en la República Democrática del Congo, en la cuenca del río Ébola.

Los síntomas aparecen entre 2 y 21 días después del contacto: fiebre, fatiga, dolor muscular, dolores de cabeza y de garganta, seguidos de vómitos, diarrea, dolor abdominal, erupción cutánea y signos de insuficiencia renal y hepática. En casos menos frecuentes, pueden presentarse hemorragias internas y externas.

Los profesionales de la salud, los cuidadores y los familiares de los enfermos tienen mayor probabilidad de contagio. Save the Children recordó que «en brotes anteriores, los niños pequeños infectados a través del contacto con cuidadores y familiares enfermos a menudo han sufrido una alta mortalidad» y que «muchos niños pueden perder a uno o ambos padres durante un brote y enfrentarse a la estigmatización, el aislamiento o el abandono».

Las autoridades recomiendan evitar el contacto físico con personas sospechosas o confirmadas, no manipular cuerpos de fallecidos sin protección y lavarse las manos con regularidad. Para la cepa Bundibugyo, al no haber medicamentos aprobados, el tratamiento se basa en cuidados paliativos: control del dolor, manejo de infecciones, hidratación y nutrición. La atención temprana aumenta las probabilidades de supervivencia, según la OMS y los CDC.

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