miércoles, 22 abril, 2026

Comunidades religiosas de Catamarca rinden homenaje a la Virgen del Valle en su día litúrgico

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Diversas congregaciones de vida consagrada participaron de una misa especial en el Santuario Catedral, en un acto que también celebró aniversarios de consagración.

En el día litúrgico de Nuestra Señora del Valle, representantes de la Vida Consagrada de Catamarca se reunieron para un homenaje. Participaron la Orden de Frailes Menores (OFM), el Monasterio Inmaculada del Valle, las Hermanas Misioneras Catequistas de Cristo Rey, la Orden del Verbo Encarnado, las Hermanas Nazarenas, las Hermanas Misioneras Redentoristas, el Instituto Cristíferas, el Instituto Amigas y Amigos en el Señor Jesús en Comunión con Chemin Neuf, las Hermanas del Huerto, las Hermanas Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús, la Pastoral Vocacional y otras comunidades.

La Santa Misa fue presidida por Mons. Virginio Domingo Bressanelli, obispo emérito de Neuquén; el padre Arildo José Ferrari, ambos Sacerdotes del Sagrado Corazón de Jesús (dehonianos); el padre Juan Ramón Cabrera, rector del Santuario Catedral; fray Julio Bunader, de la comunidad franciscana local, junto a otros presbíteros del clero catamarqueño y peregrinos.

La ceremonia comenzó con una procesión de religiosas que llevaban una rosa, la cual depositaron al pie del altar. Este acto precedió al Hno. Diego Díaz, quien celebró sus Bodas de Plata de consagración (25 años), y a los celebrantes principales.

Durante la homilía, Mons. Bressanelli destacó que la misa celebraba «a nuestra querida Madre, la Virgen del Valle» y servía para «recordar la vida consagrada y mirarla desde el ejemplo de María». Mencionó la presencia de congregaciones como los franciscanos, Oblatos de María Inmaculada y dehonianos, y resaltó los 25 años de vida consagrada del Hno. Diego Díaz, «hijo de este pueblo y gran devoto de la Virgen María bajo este título», y del padre Arildo José Ferrari.

Reflexionó sobre el sentido de la vida consagrada, afirmando que «toda consagración a Dios es un regalo para toda la humanidad y, particularmente, es un regalo para la Iglesia. Es un don que Dios da a todos, a través de una persona concreta». Señaló a María como «la primera consagrada» y modelo de fidelidad.

Asimismo, invitó a «apreciar mucho esta vocación de consagración», indicando que los consagrados, a través de sus votos, «proclaman al pueblo de Dios algo fundamental… ‘Dios es mi único amor'».

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