viernes, 6 marzo, 2026

«Nunca hay consentimiento cuando hay asimetría de edad y de poder»

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La próxima semana, el Tribunal en lo Criminal Nº 3 de Mercedes, Buenos Aires, dará a conocer el veredicto para Tomás Daniel Rodríguez, catequista catamarqueño acusado por “abuso sexual agravado por resultar gravemente ultrajante para la víctima y agravado por ser cometido por un ministro de culto encargado de la guarda”. El miércoles se desarrolló el debate, a puertas cerradas y tras escuchar al denunciante, a los tres testigos y al imputado, la fiscal María Valeria Chapuis mantuvo la acusación. Rodríguez debe responder ante un delito que prevé una pena de entre ocho a 20 años de prisión.

Los abusos habrían ocurrido entre 2010 y 2012, cuando el denunciante era un adolescente de entre 15 y 17 años. La investigación inició a finales de 2020, cuando el joven realizó la denuncia. El fiscal Federico Soñora de la Unidad Funcional de Instrucción (UFI) N°4 de Moreno investigó los abusos ocurridos en el marco de retiros espirituales y misiones escolares.

Una de las testigos que declaró en esta audiencia fue Liliana Rodríguez, psicóloga de la Red de Sobrevivientes de Abusos Eclesiásticos, una asociación que acompañó al denunciante desde el primer momento. “Nosotros como red, en nuestra experiencia con la cantidad de juicios, podemos decir que estamos absolutamente esperanzados en que va a ser condenado por los testigos que hubo, que también fueron jóvenes que no los atrapó, pero sí utilizó la misma metodología. Eso quedó absolutamente comprobado, no solo por el valiosísimo testimonio de estos jóvenes, sino también por la cantidad de mails que el imputado les escribió a estos jóvenes y que fueron presentados como prueba”, explicó.

La profesional remarcó que habitualmente, en la Red, no siempre se ve la posibilidad de que haya testigos, como los que declararon en este juicio. Para Rodríguez, al denunciante “lo salvaron sus amigos”. A la vez, destacó que entre los amigos en conjunto con sus padres se logró “sacarlo de la manipulación de este depredador. Ésta es una familia claramente con secuelas de un daño que produjo este depredador, una traición absoluta a la confianza y les inculcó una culpa tremenda”, explicó.

La psicóloga advirtió que hay que poder comprender de qué se habla cuando se trata de abusos sexuales eclesiásticos. “Estamos hablando de un depredador que es protegido y encubierto por una institución que es la iglesia. En definitiva la iglesia, por acción y por omisión, permite que el daño ocurra. Cuando el otro deja de ser un sujeto, deja de ser una persona a quien le duele y es convertido en objeto, ahí se rompe la responsabilidad de esa institución. Entonces, la iglesia con el silencio autoriza. Es la banalidad del mal la que juega y eso es nada más y nada menos que la suspensión del juicio moral”, indicó.

En este sentido, la psicóloga explicó que muchas veces la sociedad piensa, dice o define a estos depredadores “como monstruos”. No obstante, la profesional aclaró que son personas que no tienen patología psiquiátrica, que no están enfermas y que tienen un nivel intelectual medio. No son monstruos pero sí cometen actos atroces y el daño se perpetra, remarcó.

“Estos depredadores tienen un patrón común; un perfil. Cuando el dolor no se tiene en cuenta el cuerpo de la víctima es un objeto. El cuerpo queda inmóvil; es prisionero; es un objeto porque está deshumanizado entonces por eso no necesita el odio. Lo mueve su placer, lo único que le interesa”, sostuvo.

Ante estas experiencias, cada sobreviviente fue forzado a enmudecer al silencio, llenos de culpa, admitió. Los depredadores los llenan de culpa, de vergüenza. “Eso es lo que inoculan, para que no hablen. El gran eje en esta causa y en otras es el tema del consentimiento. Nunca puede haber consentimiento cuando hay asimetría de edad en conjunto con asimetría de poder como en este caso y en tantos otros. No se puede dar de ninguna manera, porque para que haya consentimiento tiene que haber deseo y voluntad por ambas partes. Decimos que el daño está en el cuerpo. La narrativa de esa agresión sufrida está en el cuerpo porque son cuerpos que fueron allanados, cuerpos forzados. Deja huellas indudablemente a pesar del tiempo. No hay duda que lo salvaron sus amigos. No hubiera podido o hubiera tardado mucho tiempo más en poder salir de esa manipulación tan atroz, tan fina, tan profunda”, aseguró.

Junto con la psicóloga Rodríguez, el psicólogo catamarqueño Matías Quevedo también trabaja en la Red. A la vez, la profesional invita a acercarse a la Red a jóvenes que pasaron por escuelas de congregaciones religiosas, que hayan participado en campamentos u otras actividades similares y que hayan vivido situaciones que los marcó, dolorosas y que no han podido poner palabras. “Las puertas de la Red están abiertas para que se comuniquen, para ser escuchados, para ser acompañados. Existimos, estamos y hacemos”, expresó.

Experiencia

La psicóloga Liliana Rodríguez también fue testigo en los dos juicios por abuso sexual eclesiástico que se realizaron en Catamarca. En 2021, declaró en el marco del juicio contra el cura Juan de Dios Gutiérrez, también acusado por abuso sexual eclesiástico y condenado a 12 años de prisión, en la Cámara de Sentencia en lo Criminal de Tercera Nominación. En 2024, declaró en el juicio contra el cura José Renato Rasgido, declarado culpable por la Cámara de Sentencia en lo Criminal de Segunda Nominación y condenado a 15 años. Ambos sacerdotes se encuentran purgando su condena en el Servicio Penitenciario Provincial, en Capayán.

“Soy quien abre la puerta, de alguna manera. La red se maneja con recursos virtuales”, contó. La psicóloga explicó que las personas que llegan, tienen todo el trauma vivido por el abuso extremo de un poder. Se requiere de un espacio donde se construye la confianza y se pueda comenzar a hablar de aquello que han vivido. “No le ponen la palabra ‘abuso’ desde un comienzo. Las personas relatan sus malestares. Es un proceso que lleva tiempo para poder ponerle un nombre y reconocer que eso lo vivió uno. El acompañamiento del grupo de pares es muy importante. Cada quien tiene su tiempo; lo vamos evaluando en estas entrevistas”, precisó.

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