En el Tribunal en lo Criminal Nº 3 de Mercedes, provincia de Buenos Aires, hoy se inicia el debate que tiene en el banquillo de los acusados al catequista catamarqueño Tomás Daniel Rodríguez. A finales de 2020, un joven bonaerense denunció a Rodríguez por delitos contra la integridad. Los abusos habrían ocurrido entre 2010 y 2012, cuando el denunciante era un adolescente de entre 15 y 17 años.
Fuentes consultadas por El Ancasti informaron que esta primera audiencia está prevista para las 9.30. El Ministerio Público estará representado por la fiscal María Valeria Chapuis. El denunciante es asistido por el equipo de profesionales de la Red de Sobrevivientes de Abusos Eclesiásticos, que lo acompaña desde el primer momento. Según se indicó, para la primera audiencia se tiene previsto escuchar el testimonio del denunciante y de una ronda de tres o cuatro testigos.
La investigación se inició a finales de 2020, cuando el joven realizó la denuncia. El fiscal Federico Soñora de la Unidad Funcional de Instrucción (UFI) N°4 de Moreno investigó abusos ocurridos en el marco de retiros espirituales y misiones escolares y lo imputó por “abuso sexual agravado por resultar gravemente ultrajante para la víctima y agravado por ser cometido por un ministro de culto encargado de la guarda”.
En un primer momento, el Tribunal había fijado fecha para mayo de 2027. No obstante, el trámite judicial tuvo celeridad y se adelantó la fecha. El imputado era referente de la Diócesis de Catamarca y llegó a juicio tras más de cinco años de demoras judiciales y pericias pendientes. A pesar de la gravedad de la imputación, Rodríguez mantuvo su domicilio en Catamarca y, durante un tiempo, continuó ejerciendo la docencia, lo que provocó fuertes reclamos de padres.
Rodríguez siempre tuvo el privilegio de participar en actividades religiosas. En 2016, este acusado fue noticia como el catamarqueño que fue a tocar el órgano al Vaticano por la canonización del Cura Brochero. En 2020, en el marco de la pandemia de COVID-19, dirigió la ceremonia de la Virgen del Valle.
En marzo de 2024, cuando se hizo pública la denuncia contra Rodríguez, a través de un comunicado emitido por la Vicaría Episcopal para la Educación, el Obispado de Catamarca se pronunció sobre la causa penal. De esta manera, aseguró que Rodríguez “no desempeñará funciones docentes en las instituciones que dependan del Obispado, hasta tanto se resuelva su situación judicial”.
En enero de 2025, la Red de Sobrevivientes había denunciado la participación de Rodríguez en otros eventos eclesiales como la “Semana Brochariana”, en Cura Brochero, Córdoba. Según denunciaron, el catequista participó tocando el órgano de la misa e interactuando con jóvenes. Meses después, en abril, la Red difundió una alerta a la comunidad por el posible retorno a la actividad del docente en el Colegio Clorinda Orellana de la localidad de Chumbicha, Capayán. “Al parecer, cuando el Obispado de Catamarca lo apartó de sus cargos solo lo estaba resguardando, licenciándolo con goce de sueldo”, se cuestionó en aquella oportunidad.
El denunciante del catequista catamarqueño Rodríguez es integrante de la Red. “Dejamos de ser víctimas para ser sobrevivientes. Los procesos internos que pasamos los sobrevivientes son complejos y variados. Tenemos muchísimas secuelas. Hay una estafa institucional. Como familia y como sociedad, tenemos la idea de que la Iglesia es un lugar bueno. Implícitamente, el Estado nos está diciendo eso pero la verdad es que no es así. Cuando ocurre un abuso, es más complejo concientizarlo”, había comentado.
La voz del denunciante
El denunciante contó que Rodríguez es músico. Por ello, pudo participar de actividades en el Vaticano y en Córdoba. Para el joven, la música sería una de sus herramientas para acercarse a sus víctimas.
“A través de la actividad musical, llegó a mi persona. Fueron varios episodios, en distintas provincias, pero el juicio se va a realizar en Buenos Aires. Era adolescente. Conozco a otras personas que fueron víctimas de él pero todavía no se animan a hablar formalmente. Estamos en comunicación y acompañamiento porque es un proceso muy difícil. No son denunciantes formales pero sí víctimas con el mismo modus operandi, con la misma complicidad eclesial y encubrimiento. Es una persona muy acomodada por el Obispado. Tomás siempre fue una persona cuidada y acomodada por el Obispado. No es un profesor cualquiera, sino un referente de la Diócesis, es cercano a Urbanc. Fue seminarista y no pudo terminar; dejó de ser seminarista un año antes de ordenarse. Nadie sabe bien por qué”, expresó.
