domingo, 1 marzo, 2026

«Leche de pájaro»

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Las anécdotas en la vida diaria de las sociedades se suceden a cada instante, a algunas les prestamos atención, a otras sólo las escuchamos o vivimos y pasan, pero hay algunas que sobresalen y perduran en el tiempo marcando épocas, circunstancias y además cuando se las cuenta, es necesario realizar la introducción correspondiente para que se las entienda claramente. Esa introducción permite contar la historia que dio paso a la aparición de esta anécdota, que puede ser jocosa, enojosa, pero que abre una puerta hacia la historia, de eso se trata este relato, que con tanta inocencia nos hace conocer una situación particular.

Como generalmente ocurre en el interior provincial, es la utilización de la cultura lugareña, y, desde siempre, los modismos, regionalismo, en definitiva, la idiosincrasia, no son de interés para las grandes sociedades, por ende, los que llegan no suelen comprender las formas del pueblo, hay sobrados ejemplos de lo que afirmo, y cuando eso ocurre, el nuevo en el pueblo, sólo sonríe o asiente levemente, por las dudas.

En algún tiempo llegó un ingeniero desde San Pedro, Buenos Aires, a la ciudad de Tinogasta, rápidamente se transformó en el director de un establecimiento escolar secundario, pero el problema que él tenía no era la enseñanza, sino que no entendía la mayoría de las palabras que escuchaba. Solía anotar y en la noche cuando se reunía con los amigos locales, les consultaba, y de ese modo, poco a poco iba aprendiendo.

Bueno es aclarar nuestra forma de expresarnos, que empezamos con palabras y completamos lo que queremos decir con movimientos corporales o gesticulaciones.

Así pasó con el joven profesional médico, recién egresado, el Dr. Carlos Bustamante, es un ejemplo de lo que sostengo. Cuando tuvo que empezar con su trabajo, el destino lo llevó a un pueblo lejano del interior de la provincia de Catamarca, la localidad de Salado, que pertenece al departamento de Tinogasta. El Doctor llegado a este pueblo, que está ubicado al Oeste de la provincia, es un tanto árido, cuya producción es trigo, comino, alfalfa y, en los últimos tiempos se ha sumado la producción de aceitunas. Pueblo tranquilo, de sociedad de poco hablar, recibió al Doctor con los brazos abiertos, manifestando fuertemente la necesidad de recibir atención médica.

Por ese tiempo, y creo que sigue siendo del mismo modo, los médicos rurales, al igual que los docentes, además de cumplir con su profesión, también se transforman en consejeros, en abogados, en ingenieros, en trabajadores sociales, ya que, ante la mínima duda, el primer problema del tipo que sea, de algún poblador, el doctor o docente es a los primeros a quienes consultan, de modo que tienen que intervenir para la resolución del problema planteado.

Joven, con todas las ideas, con toda la fuerza, el doctor, de inmediato se propuso darle al pueblo, un hospital, dejando atrás a la humilde posta sanitaria. Para este menester invitó a todo el pueblo a participar de esta noble causa, y así ocurrió, el pueblo, mediante beneficios, aportes personales y mucho esfuerzo, logró el objetivo.

Salado, a partir del trabajo del doctor y de la sociedad contó con un Mini Hospital. Obra que siempre fue un orgullo y ejemplo de cooperación. Sólo en los últimos tiempos, es como que se olvida la historia de aquella hazaña lograda con esfuerzo, y mucho sacrificio. Pero no sólo Salado era el beneficiario, sino que también lo eran las localidades vecinas, como Río Colorado, Los Quintero, La Isla, Santa Cruz de La Greda, El Pueblito, Cordobita, La Banda, La Plaza o Cerro Negro, Los Balverdi, La Estación, y cuando el doctor cuenta esta historia agradece a los vecinos, los nombra uno por uno, y se emociona, alguna lágrima recorre sus mejillas, y él, trata de disimular, secándolas rápidamente con el dorso de sus manos.

El gobernador de la provincia de ese entonces era el, Dr. Hugo Mott, quien proveyó todos los muebles para el Mini Hospital, y además agradece al intendente Municipal, que en ese tiempo fueron tres, durante el mandato del Dr. Mott, el primero que fue electo, Alfredo Lidoro Lafuente, que fue intervenido por Antolín Arce, y este, intervenido por Carlos Navas Guerrero.

Una de las primeras pacientes que el doctor Carlos Bustamante tuvo que atender, fue una madre con su hijo en brazos, ésta llegó con un niñito de pocos meses de vida, estaba muy delicado de salud, por eso rápidamente fue revisado, haciendo las preguntas de rigor que ayude al profesional a trazar un camino de las dolencias y que pudo haberla ocasionado.

Poco a poco fue avanzando en la investigación y fue formando una idea acabada para emitir el diagnóstico, pero faltaba una pregunta: “¿Qué alimentación ha tenido el bebé, en estas últimas horas?”

– “Doctor, yo sólo le di leche de pájaro, nada más”.

Esta respuesta que era sencilla e inocente, se convirtió en un problema para el profesional médico, ya que, al escuchar la respuesta, quedó desorientado, no había escuchado, ni sabía de la existencia de esa leche. Buscó en sus libros, preguntó a los vecinos, pero nadie sabía de tal leche.

De pronto vio sobre su escritorio un folleto con distintos tipos de leche, con el dibujo correspondiente, rápidamente le mostró a la mujer, que, al recorrer el catálogo con su vista, levantó su brazo y con su dedo índice, señaló uno.

¡Era leche Nido!, que, al no saber leer la señora, se dejaba guiar por la figura que tiene el envase de esta leche, un nido y un pájaro.

A casi medio siglo de esta anécdota, que puede parecer sencilla, inocente u otros calificativos que se le pueden dar, pero la verdad que permitió conocer parte de la historia del Mini Hospital de Salado, la permanencia y el trabajo de un hombre que no olvida sus pasos por este suelo saladeño, y en este año 2026 vuelve al pueblo de sus amores, SALADO!!

Texto y Fotos: Colaboración de Oscar Hugo Alaniz

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