El Museo Arqueológico Adán Quiroga no solo resguarda algunas de las piezas más valiosas del patrimonio cultural de Catamarca, sino que se mantiene activo, habitado y en permanente diálogo con la comunidad. Inaugurado en 1943, es uno de los museos más antiguos de la ciudad y forma parte del Complejo Cultural Esquiú, ubicado en pleno centro capitalino. Verónica Chayle, responsable del Laboratorio de Piezas Arqueológicas, lleva más de dos décadas trabajando en el lugar y define al museo como “un segundo hogar”. “Cuando uno trabaja tantos años acá, se genera un compromiso muy fuerte con el cuidado del espacio, de la colección y con la apertura a la gente”, señaló en Radio Nacional.
El museo alberga cerca de 7.000 piezas arqueológicas con una antigüedad que oscila entre los 10.000 y 12.000 años. Cerámicas, urnas funerarias, armas, pucos y objetos de uso cotidiano permiten reconstruir distintos aspectos de la vida de los pueblos originarios que habitaron la región. “Cada pieza tiene un desarrollo simbólico muy importante y un valor incalculable, porque son únicas y están muy bien conservadas”, explicó Chayle.
«Cada pieza tiene un desarrollo y valor incalculable porque son únicas» «Cada pieza tiene un desarrollo y valor incalculable porque son únicas»
El origen del Museo Adán Quiroga está ligado a la protección del patrimonio arqueológico provincial. Según relató Chayle, la iniciativa surgió a partir de la preocupación de un padre franciscano que, entre las décadas de 1920 y 1940, detectó el saqueo masivo de piezas arqueológicas que eran trasladadas fuera de la provincia. “Él hablaba de una agresión cultural para Catamarca y para la Argentina”, recordó.
Gracias a esa iniciativa y al apoyo del Estado nacional, el edificio fue construido entre 1941 y 1943, con un estilo colonial, y desde entonces se convirtió en un espacio clave para la conservación y difusión de la arqueología regional.
Uno de los rasgos distintivos del museo es su política de puertas abiertas. El espacio puede visitarse de lunes a domingos, incluidos los feriados, con horarios amplios que facilitan el acceso tanto de turistas como de vecinos. “No hay excusas para no visitarlo: está a dos cuadras de la plaza principal y abierto prácticamente todos los días”, destacó Chayle.
Además de las visitas, el museo recibe cada año a cerca de 200 escuelas de toda la provincia. “Ya no pensamos el museo como un lugar aburrido donde alguien habla y el resto escucha. Trabajamos con visitas mediadas, talleres y juegos para que los chicos se apropien del conocimiento”, explicó.
