Quienes frecuentan a Javier Milei lo describen en esa ambivalencia de mente abierta y alta exigencia de acatamiento a sus ideas. En las últimas semanas la pieza que preparó para Davos fue una de sus obsesiones. Ahora, según trasciende, la reforma laboral.
Sabe que se juega en el Congreso una movida de fondo de su gestión. Y a su lado hay una interna en las sombras entre ministros como Sturzenegger que “opina fuerte” y prefiere una ley drástica ante el temor que sea “ni fu ni fa” y desacredite al Gobierno.
Y otros, en la línea de Santilli, que buscan que salga en lo esencial, eliminando la industria del juicio y el FAL, el fondo para las indemnizaciones, ante el impacto político “enorme” de un fracaso. Ya conocen la melancolía de las energías desaprovechadas, como supo escribir María Moliner.
En cuanto al FAL (Fondo de Asistencia Laboral), alimentado por el 3% de cargas patronales, será administrado por privados en lo que despunta como negocio financiero, “que da profundidad al mercado de capitales y ayuda a hacer frente a las indemnizaciones a las pymes”, opinó un funcionario.
Otro aspecto innegociable es el marco que rige para el cálculo de indemnizaciones, “de manera de fijar criterio y no dejarlo en manos de los jueces”.
El “ala blanda” no quiere desviarse de lo que propone la OIT (Organización Internacional del Trabajo) en temas ríspidos. Un ejemplo es la cuota sindical: dejan abiertas un sinfín de posibilidades para que la sigan cobrando los sindicatos. Otro, la modalidad de la protesta, que abarca desde las asambleas a la definición de servicios esenciales.
En esos debates a puertas cerradas se puso sobre la mesa la situación de la industria. “No podemos abrir sin límite las importaciones y responderles que compitan. Están muy complicados”, se escucha decir cerca de la Casa Rosada.
Esta semana impactó en todos los ámbitos el desembarco de los 5.000 autos chinos de BYD en el puerto de Zárate, en lo que se leyó como una avanzada y no solo en el terreno automotor.
Consultado, Gustavo Salinas, CEO de Toyota, suelta: “Es parte de la apertura y normalización del orden macroeconómico y en algo tan básico como poder producir y pagar al exterior. Pero tenemos que integrar no solo el mundo hacia la Argentina, sino la Argentina hacia el mundo. Hay que imprimir otro ritmo, porque quienes producimos en el país tenemos complejidades por resolver”.
Salinas resalta que la Hilux es el vehículo más vendido de la Argentina, y que 2025, si no fuese por una parada técnica, hubiese sido el año histórico de producción de Toyota. Curioso, la Hilux que se fabrica en Zárate que carga con 13% de impuestos es también la más vendida en Chile, el mercado de mayor apertura, con 100 marcas sacándose los ojos. Salinas confiesa que no solo es el resultado de un proceso hiper eficiente, sino que en algunos mercados decidieron exportar a pérdida.
Tiene con qué. Toyota es el 54% de las exportaciones de autos del país y el 5% de las exportaciones totales. Un dato: en su visión hoy al precio de los productos no lo define la marca, sino el consumidor.
Distinto es el caso de Alfonso Prat-Gay, encantado en su rol como industrial en la planta de la Sprinter que le compró junto a socios a Mercedes-Benz. Con una producción de 14.000 utilitarios y alta capacidad ociosa, el ex ministro de Economía encuentra una oportunidad para producir y exportar.
En la fábrica ubicada en La Matanza se necesita un volumen mayor para reducir costos fijos. Lanzarán una cuatro por cuatro con caja automática, mientras negocian con los alemanes la licencia para nuevos mercados. Hoy, dos de cada tres Sprinter van a Brasil.
Hay otros sectores, sin embargo, que se sienten parias. En la industria del vino y en lo que es un fenómeno mundial con stocks de los gigantes como Diageo, Pernod Ricard, Campari, estimados en US$ 22.000 millones ante la caída del consumo, las bodegas argentinas tambalean en la exportación, aún en Brasil “invadido por vinos europeos”, además de sufrir la merma del consumo interno. Se conocen las primeras víctimas como Norton y Bianchi.
Patricia Ortiz, CEO de Fincas Patagónicas que tiene a bodegas Tapiz, entre otras, se define como “optimista por los cambios que emprendió Milei”, aunque enseguida cuenta que se cortó el financiamiento de bancos y proveedores. Arrancó la vendimia en Mendoza y los productores que entregan la uva que se suele pagar con vino ahora se topan con que las bodegas ya no quieren uva ni vino. Y no hay solución a la vista.
“Argentina es incorregible”, suelen decirle los accionistas franceses de Danone a Juan Garibaldi, el CEO de la líder en yogures. Garibaldi explica que “el factor de éxito dejó de ser el gerente financiero como en tiempos de alta inflación para pasar a una política comercial agresiva basada en la máxima eficiencia y la innovación. Argentina ya no es la única incorregible en el mundo”, dice al recordar que es un país atractivo no solo por sus índices (aún es el mayor consumidor de galletitas del mundo y el cuarto en gaseosas), sino que junto a Brasil y la India es la cuenca lechera con mayor potencial global. Eso explica la insistencia en sociedad con Arcor por crecer al 100% de La Serenísima que resisten por el precio ofrecido los herederos de Pascual Mastellone.
Por cierto, en los bufetes expertos en concursos la actividad es intensa. Deslizan que antes de solicitar una convocatoria, las empresas se preparan para que los proveedores no dejen de abastecerlos y seguir funcionando.
No fue el caso de Vicentin pero parece ser el de Los Grobo que lleva el estudio Alegría. Allí idearon pagar hasta US$ 6 dólares más por tonelada a quienes les vendan los granos. Lo aceptaron 600 de los 900 productores que son acreedores y en otro paso garantizaron las compras de materia prima con el grupo brasileño Amaggi que ahora compra directo esa materia prima. Los Grobo pertenece a Victoria Capital, de socios argentinos, y se vaticina que quedaría en manos de Amaggi.
A todo esto, hay inquietud por quién doblan las campanas en el siempre opaco manejo de los puertos. No solo por la sorpresiva intervención por parte del Gobierno nacional al de Ushuaia, sino por lo que sucede en el de Buenos Aires, el más caro de la región.
Se trata del capítulo que viene tras la privatización de la Hidrovía. Se busca urbanizar la zona dedicada a cruceros y barajar y dar de nuevo con las concesiones que maneja Dubai Port de capitales árabes junto al grupo Roman y Terminal 4 que dominan los daneses. Mientras, en el bonaerense de Dock Sud, se abrió una licitación para el dragado que estaba lista. Lo hicieron para no dejar afuera un grupo chino que se acordó tarde.
Para Wall Street los problemas argentinos son otros. Sostienen que el costo de mantener el peso es el problema central de la economía. De allí, la mira en la acumulación de reservas.
Marcelo Etchebarne, socio de DLA Piper y experto en deudas y fusiones y adquisiciones, apunta: “El Gobierno lleva más de dos años de superávit fiscal, ha tenido un apoyo sin precedente del gobierno de EE.UU., arrasó en las elecciones de medio término, y no hay ningún político populista enfrente que asuste al mercado. ¿Cómo se explica entonces una inflación de más del 30% anual, y riesgo país cerca de los 570 puntos básicos? Entre otros motivos, porque el país no tiene un instrumento financiero que tenga los atributos de una moneda. Bajar la inflación puede llevar de 2 a 4 años. Tener una moneda que sirva como instrumento de ahorro genuino, muchísimo más”, advierte.
Eso sí, Argentina seguirá sensible a los shocks externos, como alguien deslizó en Davos. Martín Redrado desde su temporada alta de conferencias en Nueva York, hace hincapié en el discurso del premier canadiense, Mark Carney, a quien lo une una larga amistad al coincidir siendo presidente del Banco Central cuando Carney era el gobernador del Banco de Inglaterra. Carney fue ovacionado en la villa suiza. Llamó a no ser sumisos en esta “época de rivalidad entre grandes potencias”. Redrado dice que la gran inquietud sobre Argentina es qué va a pasar después de 2027.
-¿Qué les responde?
-Que no hay vuelta al pasado. El Gobierno tiene una ventaja, no se encontró una idea superadora a la fórmula de equilibrio fiscal más desregulaciones. El “lado B” es que nadie plantea una idea de futuro.
