¿Hace cuánto que están con la banda?
El próximo 15 de enero cumpliremos 14 años.
A finales de 2011 regresé a Catamarca luego de 17 años de vivir afuera (un tiempo en Córdoba y otro en Buenos Aires). Cristian Ruartes (el bajista de Los Hijos de Harri) y yo tan solo nos conocíamos de vista, alguna que otra vez habíamos cruzado pocas palabras, hasta que Gastón Pelisari, un amigo en común, al vernos tan fanáticos de Los Beatles, le dijo a él: “Vos tenés que hacer una banda Beatle con el Ale, acaba de volver a vivir a Catamarca”.
A los pocos días de eso, un 17 de diciembre de 2011, nos encontramos en La Tanita, donde tocaban Los Cafres. Gastón le indicó a Cristian que yo estaba en el lugar, él se me acercó, me pidió que convenza a mi hermano Lisandro de armar la banda y me prometió que se encargaría de conseguir un baterista.
La realidad es que yo no tenía ni guitarra eléctrica; Cristian me prestó una, y aquel 15 de enero de 2012 nos juntamos en una pequeña habitación a ensayar por primera vez los cuatro: Cristian en bajo, mi hermano Lisandro en primera guitarra y voz, Alejo Rivera en batería y yo en guitarra rítmica y voz.
En 2013 ingresó al grupo otro amigo y fan de los Beatles, Juan Martín Bochatey, que se encarga desde entonces de los teclados y armonías.
Y a fines de 2023 Alejo decidió, por cuestiones personales, dejar la banda y en su lugar ingresó Abel Fernández para ocuparse de la batería y las armonías.
¿Por qué se llaman “Los Hijos de Harri”?
Por dos motivos: uno, no queríamos tener un nombre en inglés, y dos, por cuestiones relacionadas con el azar (en el cual, a esta altura, ya no creo).
En aquel primer ensayo propuse hacer “Something”. Cuando ya teníamos lista esa canción, Cristian eligió “Taxman”. Luego Lisandro pidió hacer “While My Guitar Gently Weeps” y, finalmente, Alejo seleccionó “Here Comes the Sun”. La cosa es que ya teníamos cuatro temas, pero la banda seguía sin nombre.
Me percaté de que las únicas canciones que habíamos sacado habían sido compuestas por George Harrison, y no por Lennon/McCartney (autores, por lejos, de la mayoría del repertorio Beatle), y les dije a propósito a los chicos: “Más que una banda Beatle somos una banda Harrison. Somos los Harri-son, o en castellano: Los Hijos de Harri”.
Quedó como nombre provisorio hasta que se nos ocurra otro mejor, pero 14 años después eso todavía no ha sucedido.
¿Cuál fue el primer recital que dieron?
Fue en Las Rejas, en la noche del viernes 29 de junio de 2012, adentro (en otras oportunidades tocamos ahí, pero al aire libre).
En cinco meses de ensayo habíamos logrado tener listas 18 canciones y nos dimos cuenta de que no nos salían nada mal, así que decidimos presentarlas a un público catamarqueño que no sabíamos cómo podría reaccionar a un show temático sobre Los Beatles. Afortunadamente, la energía que recibimos fue buenísima; de no haber sido así, quizá la aventura se terminaba allí.
A lo largo de estos años, ¿cuáles fueron los momentos más lindos que recordás antes de ser elegidos en la Semana Beatle?
Son muchos, y por lo menos para mí todos tienen relación con ver feliz a la gente que nos fue a escuchar, se trate de familiares, amigos o de completos desconocidos.
Recuerdo particularmente un momento que se dio al finalizar un show este año en un hermoso teatro cordobés: dos niños y una niña (que no habrán tenido más de 10 años) se nos acercaron a pedirnos autógrafos. No olvidaré jamás sus sonrisas, sus estados de éxtasis, que nos contaban que tocaban instrumentos musicales y que querían, cuando sean más grandes, armar una banda. Momentos así llenan el alma.
¿Cómo se ponen de acuerdo con el repertorio? Porque debe ser muy difícil elegir entre tantas canciones y con cinco opiniones diferentes.
Lo que solemos hacer después de alguna pausa posterior a varios shows es lo siguiente: cada integrante de la banda elige una canción; luego trabajamos sobre esos cinco temas en los ensayos hasta que los tenemos listos.
Finalmente, cuando se viene algún recital, votamos del total de canciones que hay preparadas cuáles quedan y cuáles no. Y puede pasar (de hecho, sucedió) que por voto democrático quede afuera del listado del show una canción que jamás fue tocada antes en vivo, ni lo fue después hasta el día de hoy.
Creo que uno de los motivos por lo que duramos tanto como banda es que vivimos bajo un régimen democrático y comunista. Si nos ponemos monárquicos y capitalistas (onda “yo considero que soy mejor que vos y debería ganar más”, o “mi voto vale doble”), no hubiésemos llegado no sólo a Liverpool, sino ni a la vuelta de la esquina.
¿Cómo hacen con los ensayos? ¿Ensayan semanalmente o solamente cuando hay alguna presentación en vista?
Cada uno tiene su profesión, su ocupación laboral, su familia. No vivimos de la música, pero tampoco podemos hacerlo sin ella.
No disponemos de mucho tiempo, con lo cual ensayamos una vez a la semana (cuando no hay un show cerca), porque nos hace bien al alma. Me pasó muchas veces de entrar a la sala de ensayo malhumorado, triste, cansado o estresado, y luego salir con energía, feliz y livianito. Es como una descarga, así como puede ser hacer deporte, parecido, pero maravillosamente diferente a la vez.
Eso sí, cuando se acerca una presentación, ensayamos dos veces a la semana, porque nos gusta sonar bien.
¿Cómo nació la idea de presentarse en la Semana Beatle? ¿Habían asistido antes como público?
Ya conocíamos la movida. The Cavern Liverpool, ese mítico bar donde los Beatles tocaron 292 veces, le solicita anualmente al Cavern Club Buenos Aires (que queda en Paseo La Plaza) que organice la Semana Beatle de Latinoamérica y seleccione entre las bandas participantes a una.
Esa banda seleccionada se gana el derecho a participar al año siguiente de la International Beatle Week en Liverpool, con pasajes y estadía pagos por los ingleses.
Cada integrante de Los Hijos de Harri había visitado en diferentes oportunidades y por separado ese maravilloso templo Beatle de la avenida Corrientes, siempre en calidad de público, ya sea en el marco de una Semana Beatle como durante el resto del año, porque siempre tocan bandas allí.
Desde hace años teníamos el deseo de algún día llegar a tocar en el Cavern Club Buenos Aires, pero no lo hicimos antes porque pensábamos que era mucho lío viajar 1.300 kilómetros para tan solo actuar media hora, sentirnos evaluados y quizá ni clasificar a la siguiente etapa del concurso.
Fue a principios de este año cuando decidimos probar suerte en la edición número 25 de la Semana Beatle de Latinoamérica, primero porque teníamos ganas de vivir la experiencia de esa celebración de la música que amamos con gente como nosotros, y segundo porque nos sentíamos musicalmente preparados para hacer un papel digno.
¿Sentían que tenían chances? ¿Los tomó por sorpresa la elección?
Confianza en nosotros mismos nos sobraba. Hemos visto a otras bandas formadas por músicos profesionales que hacen Beatles, que se dedican y viven de eso, tocando varias veces por semana, y aun así sentíamos modestamente que no hacían algo mucho más extraordinario de lo que nosotros podíamos llegar a hacer.
De todas maneras, participaban 40 bandas de toda Argentina y de otros países como Brasil, Uruguay, Chile y Perú, y no conocíamos a la mayoría de ellas, con lo cual cualquier cosa podía pasar.
Fuimos con expectativas moderadas, principalmente porque habíamos visto que se repetía el siguiente patrón: los ganadores de las ediciones de los últimos años indefectiblemente habían participado con anterioridad en reiteradas oportunidades. Es decir, no había una banda que haya ganado la Semana Beatle la primera vez que concursaba.
Eso nos hizo preguntarnos: ¿será alguna especie de derecho de piso que hay que pagar? Como sea, si lo mencionado efectivamente era algo que el jurado en silencio había decidido implementar, dijimos: “Vamos, toquemos, dejemos el alma en el escenario y se la pongamos bien difícil a quienes no nos quieran votar”.
Donde la expectativa pasó de moderada a moderada y media fue luego de tocar la primera noche: la reacción de la gente fue hermosa.
Nos subimos al escenario el sábado 13 de diciembre a las 23 horas; éramos la banda número 39 en participar en el concurso, que había comenzado el martes anterior. Luego siguió un grupo de Neuquén y, posteriormente, el jurado se retiró a deliberar, para regresar poco tiempo después con el listado de las seis bandas que pasaban a la final al día siguiente.
Cuando escuchamos que estábamos dentro de los finalistas, ya estábamos hechos. Volvimos el domingo, tocamos nuestra media hora, la reacción de la gente nos volvió a hacer sentir locales en un lugar donde claramente éramos visitantes, y afortunadamente el jurado nos terminó eligiendo para representar a Latinoamérica en Liverpool.
¿Conocen Liverpool? ¿Qué significa para vos poder tocar ahí?
De los cinco miembros, tres conocemos Liverpool por haber ido como turistas. Es hermoso: se respira Beatles en cada rincón de la ciudad.
Allí están todavía los bares donde ellos tocaron (y donde nosotros tocaremos), están las casas de John, Paul, George y Ringo intactas (incluso se puede entrar a conocerlas) y demás lugares sagrados como Strawberry Fields o Penny Lane, entre otros.
Liverpool es ese milagroso punto del planeta donde coincidieron en tiempo y espacio cuatro amigos destinados a cambiar la música y la cultura del mundo para siempre.
Beberemos de la fuente original, caminaremos con nuestras guitarras durante siete días en la tierra prometida. De todas maneras, no tengo ninguna duda de que lo que vamos a vivir va mucho más allá de lo que pueda llegar a imaginar, porque se encuentra en ese lugar donde habitan las utopías.
¿Cómo puedo tener expectativas de lo que viviré cuando entre al paraíso si ni siquiera puedo dimensionarlo? Solo tengo una certeza: estaremos locos de felicidad.
¿Cómo llegan The Beatles a tu vida?
Tenía 10 años, era 1987 y en Catamarca no era muy común que un niño de mi edad escuche a Los Beatles. Mi primer contacto con ellos fue a través de unos dibujitos animados (The Beatles Cartoon) que pasaron durante un breve período de tiempo por un canal de Santiago del Estero que retransmitían por aquí, en ese horario que va desde que uno llega de la escuela hasta la hora en que te llaman a almorzar (Cristian los conoció también a través del mismo programa, benditos santiagueños). Mi viejo se me acercó para decirme que la comida estaba lista, me preguntó qué es lo que estaba viendo, y cuando le respondí “Los Beatles”, miró la pantalla y dijo algo que me cambió la vida para siempre: “Los dibujaron igual a como eran”.
Para mí fue una revelación, casi como que me digan que Popeye era de verdad un marinero que existió, pero mejor todavía, porque me gustaban más aquellas canciones que la espinaca. Allí mismo mi papá me dio un cassette TDK de Los Beatles que tenía en un cajón y que nunca había puesto, o por lo menos no lo había hecho desde que yo era consciente musicalmente hablando.
Me pasé todo el día escuchándolo, en el lado A estaban casi todas las canciones del disco “Beatles for sale” de 1964, y en el lado B casi todos los temas de “Help!”, álbum de 1965. Sentí inmediatamente una familiaridad extraña con esa música, pero al mismo tiempo sonaba totalmente fresca y nueva. Me transmitía una felicidad que no podía explicar (al día de hoy sigo sin entender cómo una música de otro tiempo y espacio pudo conmover de esa forma al niño que fui). Lo único que hice esa tarde fue escuchar el cassette una y otra vez. Al otro día, luego de la escuela corrí al televisor, puse el canal de Santiago del Estero… pero ya no hubo dibujitos de Los Beatles, ni en ese momento ni nunca más. El día que los Beatles se convirtieron en realidad en mi vida, dejaron de existir en la fantasía.
Por supuesto, me encargué de evangelizar a toda mi familia con esa música, con lo cual te estoy contestando también cómo llegaron los Beatles a la vida de mi entonces pequeño hermanito Lisandro, mucho antes de que se convierta en un hijo de Harri.
Sé también que el papá de Juan Martín Bochatey es muy beatlero, y que supo con gran precisión transmitirle el gen de Liverpool desde muy temprano, con lo cual podríamos concluir que ya desde la niñez de los futuros integrantes de la banda se incubó este precioso germen musical para el cual no existe cura.
El momento más Beatle de tu vida
De mi vida, y el de la banda, podríamos decir. Sin dudas fue el 23 de octubre de 2024, en el hotel Quinto Centenario de la ciudad de Córdoba, donde se hospedaba Paul McCartney.
Habíamos viajado los cinco hijos de Harri para ver su show, con nuestras respectivas familias. Por rumores, información interna e intuición sabíamos que era altamente probable que Paul salga del hotel y se dirija al Kempes a probar sonido alrededor de las 15 horas, así que fuimos a almorzar al bar del hotel (lo cual es perfectamente legal, incluso si uno no está hospedándose allí).
En un momento varios empleados del Quinto Centenario se tomaron de las manos y formaron un doble cordón humano y paralelo, de tal manera que se armó un camino entre la puerta del ascensor y la salida del hotel por el cual Paul podía transitar tranquilo, protegido y sin que la gente pueda tocarlo.
Paul salió del ascensor con su bajo Hoffner, saludando amablemente a la gente agitando su mano. Mi hermano Lisandro tenía a Alfonsina, su hija de 10 años, levantada en sus brazos para que pueda ver a Paul, él la vio, se le acercó y le “chocó los cinco” con una gran sonrisa. Siguió caminando e hizo exactamente lo mismo con Valentina, la hija de Cristian.
Mientras tanto, yo tenía sentada sobre mis hombros a mi hija Julia (de 6 años) para que también pueda ver a Paul, y casi en piloto automático caminé a la par de él en ese trayecto interno del hotel hasta el mundo exterior. Él salió por la puerta del medio, y yo al mismo tiempo lo hice por la puerta a su izquierda. Paul giró, vio a mi hija, se me acercó, me estrechó la mano, le tocó la pancita a la nena tirándole un beso al aire y diciéndole dulcemente “Hi baby!”. Luego agitó sus brazos saludando a la muchedumbre que estaba gritando su nombre tras unas vallas de seguridad a varios metros de distancia, se subió al auto y se fue, sin haber tocado a nadie más que a tres hijas de hijos de Harri, y a mí.
Podríamos decir no sólo que ese fue el momento más Beatle de nuestras vidas, sino que además en esos eternos instantes la bendición de Paul cayó sobre la banda, y quién te dice, quizá fue la magia que necesitábamos para que un año después ganemos en Buenos Aires el mayor de los premios: llevar Catamarca a Liverpool.
Texto: Pablo Vera
Fotos: Gentileza Los Hijos de Harri
